Ambos se volvieron hacia la diminuta forma de oruga agazapada en la plataforma.
— Barlennan, confío en que perdones mi rudeza al no presentarte a Wade McLellan — dijo Lackland —. Wade, te presento a Barlennan, capitán del Bree y un gran marino en su mundo… Él no me lo ha dicho, pero su presencia aquí basta para demostrarlo.
— Mucho gusto en conocerte, Volador McLellan — respondió el mesklinita —. No se necesita ninguna disculpa, y me pareció que vuestra conversación también estaba destinada a mis oídos. — Abrió las pinzas en el gesto de saludo —. Yo había apreciado la buena suerte que representa para ambos nuestro encuentro, y sólo espero poder cumplir mi parte del trato tan bien como vosotros cumpliréis la vuestra.
— Hablas nuestro idioma notablemente bien — comentó McLellan —. ¿Hace sólo seis semanas que lo practicas?
— No sé bien cuánto dura vuestra «semana», pero hace menos de tres mil quinientos días que conocí a tu amigo — respondió el capitán —. Soy buen lingüista, desde luego. Es necesario para mi oficio. Y las películas que me mostró Charles me ayudaron mucho.
— Es una suerte que tu voz pueda reproducir todos los sonidos de nuestro idioma. A menudo tenemos problemas en ese sentido.
— Por eso fue preferible que yo aprendiera el vuestro y no vosotros el mío. Muchos sonidos nuestros son demasiado agudos para vuestras cuerdas vocales, según creo. — Barlennan se abstuvo de mencionar que buena parte de su conversación también era demasiado aguda, aunque en otro sentido, para los oídos humanos. Aunque Lackland no lo hubiera notado, el más honesto de los mercaderes lo piensa dos veces antes de revelar todas sus bazas —. Supongo que Charles, no obstante, ha aprendido algo de nuestro idioma al observarnos y escucharnos a través de la radio que hay a bordo del Bree.
— Apenas nada — confesó Lackland —. Por lo poco que he visto, tienes excelentes tripulantes. Realizan muchas actividades regulares sin necesidad de órdenes, y no entiendo nada de las conversaciones que a veces entablas con tus hombres, si no van acompañadas por alguna acción.
— ¿Te refieres a mis conversaciones con Dondragmer o Merkoos? Son mi primer y segundo oficial, y con quienes más hablo.
— Espero que no te sientas insultado por esto, pero no logro distinguiros uno de otro. No estoy familiarizado con vuestros rasgos.