— Magnífico. Este planeta nos está costando un dineral. ¿Qué ocurrió y cómo regresaste? No creo que hayas podido caminar veinticinco kilómetros con escafandra bajo esa gravedad.
— No tuve que hacerlo. Barlennan y sus tripulantes me remolcaron. En cuanto al tanque, deduzco que la partición del suelo, entre la cabina y el motor, no era hermética. Cuando salí para realizar una investigación, la atmósfera de Mesklin, hidrógeno de alta presión, se filtró y se mezclo con el aire de debajo del suelo. Lo mismo ocurrió en la cabina, desde luego, pero prácticamente todo el oxígeno salió por la portezuela y se diluyó sin peligro.
Debajo del piso…, bueno, se produjo una chispa y el oxígeno estalló.
— Entiendo. ¿Qué causó la chispa? ¿Tenías motores en marcha cuando saliste?
— Sin duda. Los servos de guía, los dinamotores y demás. Y me alegra que fuera así, de lo contrario habría estallado al regresar yo al tanque y encender los motores.
— Humm — el director de la fuerza de Rescate parecía enfurruñado—, ¿Tenías que salir necesariamente?
Lackland agradeció a su estrella que Rosten fuera bioquímico.
— Supongo que no, quería obtener muestras de tejido de una especie de ballena de doscientos metros abandonada en la playa. Pensé que alguien podría…
— ¿Los trajiste? — Interrumpió Rosten.
— Así es. Venga a buscarlos cuando quiera… Por cierto, ¿tiene otro tanque?