— Sí. Te lo entregaré cuando haya terminado el invierno. Creo que hasta entonces estarás más seguro dentro del domo. ¿Con qué preservaste los especímenes?
— Nada especial. Hidrógeno, el aire local. Supuse que cualquiera de nuestros agentes químicos los estropearían desde el punto de vista del análisis. Será mejor que alguien venga pronto; Barlennan dice que la carne se vuelve ponzoñosa al cabo de cien días, así que supongo que contiene microorganismos.
— Sería raro que no los tuviera. Espérame; bajaré dentro de un par de horas.
Rosten corto la comunicación sin más comentarios sobre el tanque destruido. Lackland dio las gracias por ello y se acostó, pues no había dormido en casi veinticuatro horas.
Lo despertó la llegada del cohete. Rosten había descendido en persona, cosa nada sorprendente. Sin siquiera quitarse la escafandra, cogió los frascos que Lackland había dejado en la cámara de presión para reducir la probabilidad de contaminación por oxígeno, echó un vistazo a Lackland, reparó en su estado y, bruscamente, le ordenó que se acostara de nuevo.
— Tal vez este material compense la pérdida del tanque — dijo lacónicamente —. Ahora, duerme. Tienes otros problemas que resolver. Ya hablaremos cuando estés en condiciones de recordar lo que te diga. Te veré luego — añadió, antes de cerrar la puerta de la cámara de presión.
Lackland, en efecto, había olvidado los comentarios de despedida de Rosten, pero éste se los recordó horas más tarde, cuando Lackland hubo dormido y comido una vez más.
— Este invierno, durante el cual Barlennan no podrá viajar, durará sólo otros tres meses y medio — comenzó Rosten sin preámbulos —. Aquí tenemos varias resmas de telefotos. Tu tarea para el resto del invierno consistirá en reunirte con tu amigo Barlennan, transformar estas fotos en un mapa útil y decidir una ruta que lo lleve lo más deprisa posible hasta donde se encuentra el material que deseamos rescatar.
— Pero, Barlennan no tiene prisa por llegar. Para él se trata de un viaje de exploración y comercio, y nosotros somos apenas un incidente. Lo único que pudimos ofrecer le a cambio de su ayuda es una serie de informes meteorológicos, para facilitarle sus tareas normales.
— Lo entiendo. Por eso estás ahí abajo, como recordarás; se supone que tú eres el diplomático. No espero milagros, nadie los espera, aunque confío en que mantengas buenas relaciones con Barlennan. Pero no debes olvidar que se invirtieron dos mil millones de dólares en equipo especial para ese cohete que no pudo salir del polo, y que contiene grabaciones de incalculable valor…