— No obedecerán ninguna orden que les dé mientras estoy en vuestras manos; deberíais saberlo si tenéis una fuerza de combatientes.
— Nunca tuve mucho que ver con soldados — respondió Barlennan. Había recobrado la iniciativa, como ocurría habitualmente cuando las cosas tomaban un rumbo definido —. Sin embargo, por ahora te creeré. Tendremos que retenerte hasta que lleguemos a un entendimiento acerca de esta descabellada propuesta de que regresemos a la costa. A menos que podamos encargarnos, entretanto, de esos planeadores. Es una lástima que no hayamos traído armamento más moderno a esta zona tan atrasada.
— Olvida tus embustes — replicó el cautivo —. Sois iguales al resto de los salvajes del sur.
Admito que nos engañasteis por un tiempo, pero hace un instante te delataste.
— ¿Y que dije para que pensaras que yo mentía?
— No veo razones para contártelo. El hecho de que no lo sepas demuestra que tengo razón. Habría sido mejor para ti si no nos hubieras engañado tan bien; entonces habríamos sido más cautos con los datos secretos, y no habrías aprendido lo suficiente como para hacer necesaria tu eliminación.
— Y si no hubieras hecho ese comentario, quizá nos habrías persuadido de rendirnos — intervino Dondragmer—, aunque admito que no es probable. Capitán, apuesto a que tu revelación se relaciona con eso que te he comentado todo el tiempo. Pero es demasiado tarde para remediarlo. El asunto ahora es como librarnos de esos irritantes planeadores; no veo ninguna nave de superficie, y los efectivos terrestres solo cuentan con las ballestas de los planeadores que estaban en tierra. Supongo que dejarán la situación a los planeadores, por el momento. — Paso a hablar en inglés —. ¿Recuerdas algo que hayan dicho los Voladores que nos ayude a desembarazarnos de esas molestas máquinas?
Barlennan mencionó sus probables limitaciones de altitud en mar abierto, pero eso no les ayudaba por el momento.
— Podríamos utilizar la ballesta.
Barlennan hizo esta sugerencia en su propio idioma, y Reejaaren se burló abiertamente. Krendoranic, oficial de municiones del Bree, que había escuchado tan atentamente como el resto de la tripulación, no lo tomó a la ligera.