— Escasean, pero el lugar no es un desierto. Podremos arreglárnoslas durante un tiempo. Si tenemos que viajar por tierra, tal vez os echemos de menos a ti y tu cañón.
Esta ballesta no ha sido mas que una pieza de museo durante nueve décimas partes del viaje.
— ¿Por que conservas la ballesta?
— Precisamente por eso, porque es una buena pieza de museo y los museos pagan bien. En mi patria nadie ha visto, ni siquiera imaginado, un arma que funcione arrojando proyectiles. Por cierto, ¿no podrías darnos uno de tus cañones? Ni siquiera es necesario que funcione.
Lackland rió.
— Me temo que no; sólo tenemos uno. Creo que no lo necesitaremos, pero no se que explicación dar para entregártelo.
Barlennan ofreció el equivalente de un cabeceo de asentimiento y continuo con sus labores. Tenía que actualizar muchos datos en el cuenco, que era su equivalente de un globo terráqueo; los terrícolas, durante la travesía, le habían dado la orientación y distancia a tierra en todas las direcciones, así que él pudo registrar en el mapa cóncavo la mayoría de las costas de los dos mares que había surcado.
También era necesario resolver el problema de los alimentos. No era urgente, tal como le había dicho a Lackland, pero a partir de ahora tendrían que trabajar más con las redes.
El río, que ahora tenía doscientos metros de anchura, parecía contener peces suficientes para satisfacer sus necesidades actuales, pero la tierra era mucho menos prometedora.
Pedregosa y yerma, abarcaba una angosta franja que, en una orilla, terminaba abruptamente al pie del risco; en la otra, una serie de colinas bajas se sucedían kilómetro tras kilómetro, quizás hasta más allá del lejano horizonte. La roca de la pared de la escarpa semejaba vidrio pulido, como ocurre a veces en la Tierra con las rocas de los bordes de una grieta. Para escalarla, aún en la Tierra, se habría necesitado el equipo y el peso corporal de una mosca (en Mesklin la mosca habría pesado demasiado). Había vegetación, pero era escasa, y en los primeros cincuenta días de su estancia ningún tripulante del Bree vió rastros de fauna terrestre.