Para los terrícolas fue un período más activo. Cuatro miembros de la expedición, entre ellos Lackland, montaron en el cohete y descendieron al planeta desde la rápida luna.

Desde su punto de partida, el mundo presentaba el aspecto de un pastel plano con un abultamiento en el centro; el anillo era simplemente una línea de luz, pero destacaba en la negrura tachonada de estrellas y exageraba la planura de ese mundo gigantesco.

Cuando aplicaron potencia para contrarrestar la velocidad orbital de la luna y dirigirse hacia el plano ecuatorial de Mesklin, la figura cambió. El anillo se veía tal como era, pero el sistema, con dos divisiones, no se parecía al de Saturno. El achatamiento de Mesklin era demasiado grande para que se pareciera a otro mundo: un diámetro polar de menos de treinta mil kilómetros, y un diámetro ecuatorial de setenta mil, es algo que hay que ver para apreciar. Todos los miembros de la expedición lo habían visto a menudo, pero aún lo hallaban fascinante.

Al bajar de la órbita del satélite, el cohete iba a gran velocidad; pero, como había dicho Rosten, no era suficiente. Hubo que añadirle potencia; y aunque el paso por el polo se realizó a miles de kilómetros de la superficie, el fotógrafo tuvo que actuar con celeridad.

Sobrevolaron la zona tres veces, y en cada oportunidad necesitaron dos o tres minutos para las fotografías y muchos más para viajar alrededor del planeta. Se cercioraron de que el mundo presentara una faz diferente cada vez, para que la medición de las sombras permitiera calcular la altura del risco.

Los resultados, como era habitual en Mesklin, fueron tan interesantes como asombrosos. En este caso, lo asombroso era el tamaño de aquel fragmento de corteza planetaria que parecía haber surgido en bloque, tenía la forma de Groenlandia, con cinco mil kilómetros de longitud y la punta en dirección al mar de donde había venido el Bree. El río que conducía hacia allí, sin embargo, daba amplias vueltas y casi rozaba el borde en el extremo opuesto, en medio de la parte ancha de esa cuña. La altura de los bordes era increíblemente uniforme; las mediciones de sombras sugerían que quizá fuera un poco mas alto en la punta que en la actual posición del Bree, pero apenas. Ninguna sombra dentada indicaba fisuras en esa pared.

Excepto en un sitio. Una fotografía, y solo una, mostraba un borrón en la sombra que quizá fuera una ladera menos empinada. Estaba también en la punta ancha de la cuña, a mil doscientos kilómetros de donde se hallaba la nave. Mejor aún, estaba corriente arriba, y el río continuaba fluyendo al pie del risco. Viraba hacia afuera en el punto donde se encontraba la presunta fisura, como si sorteara la pila de escombros de la ladera derrumbada, lo cual era muy prometedor. Significaba que Barlennan tenía más de dos mil kilómetros de travesía en vez de setenta, y la mitad por tierra; sin embargo, ni siquiera la parte terrestre resultaría exageradamente difícil. Lackland así lo señaló, y le respondieron que realizara un análisis más cuidadoso de la superficie por donde tendría que viajar su pequeño amigo. Pero Lackland postergo esta labor hasta el regreso a Toorey, pues en la base había mejores instalaciones.

Una vez allí, los microscopios y densitómetros de los cartógrafos profesionales fueron menos alentadores, pues la meseta parecía bastante escabrosa. No había indicios de ríos ni de otras causas especificas que explicaran la fisura que Lackland había detectado; pero la fisura misma quedó ampliamente confirmada. El densitómetro indicaba que el centro de la región era más bajo que el borde, de modo que configuraba un cuenco gigantesco de escasa hondura; sin embargo, la hondura no se podía determinar con precisión, pues no había sombras claras en la zona interior. Pese a ello, los analistas estaban seguros de que la parte más profunda se encontraba situada por encima del terreno que se extendía allende el risco.

Rosten examinó los resultados finales del trabajo y carraspeó.

— Me temo que no podemos hacer más — dijo al fin —. Personalmente, no quisiera ganar esa comarca en una apuesta, aunque pudiera vivir allí. Charles, quizá debas pensar en un modo de brindarles apoyo moral, pues no se me ocurre la manera de brindarles apoyo físico.