Hay que deplorar los obstáculos que opone el egoísmo ciego y la inmoralidad y la ignorancia á que se aumente ni aun se conserve lo poseído en común: el prado no se limpia ni se abona, el monte se tala, el ferrocarril se administra mal, y cuando la comunidad no es bastante moral é inteligente para ser justa, se la combate con ventaja, se la expropia, y aun se la despoja en virtud de razones aparentes que explotan otros egoísmos y otras inmoralidades. Cuando lo que es de todos pretende utilizarlo cada uno, y no quiere cuidarlo nadie; cuando hay muchos dispuestos á atacarlo con persistencia, y nadie á defenderlo resueltamente; cuando los principales interesados en que se conserve, y hasta donde sea posible se aumente, son débiles por falta de inteligencia y no comprenden lo que les conviene ó no saben hacer valer su derecho, los bienes comunes que favorecían la igualdad se acumularán en pocas manos. Dadas estas circunstancias, el mal no podrá evitarse, pero que al menos no se convierta en ideal, felicitando á la sociedad porque tiene una desdicha más.

La lucha seguirá por mucho tiempo; esperemos que no será eterna entre los que, sabiéndolo ó sin saberlo, favorecen la acumulación de la propiedad, y los que pretenden que se distribuya más igualmente: pueden contribuir las leyes á este último resultado; pero sobre que las leyes son el reflejo de las ideas y de los sentimientos, no hay legislación, cualquiera que ella sea, capaz de impedir la excesiva acumulación de la propiedad en pueblos donde hay pocas virtudes y mucha ignorancia. Todas las huelgas resueltas arbitrariamente por poderes niveladores; todos los decretos socialistas, y todas las leyes agrarias, no impedirán que sea miserable el ignorante desmoralizado y que cerca de él no posea excesivas riquezas el inteligente que no repara en los medios de acumularlas. ¿De qué le sirvieron á Esparta corrompida las leyes de Licurgo, ni á Roma degradada las disposiciones igualitarias de sus emperadores? En los Códigos había disposiciones favorables á la igual distribución de la riqueza, en las plazas muchedumbres hambrientas y en los palacios magnates cuyo lujo y repugnante glotonería han pasado á la historia. Ahora, después y siempre acontecerá algo parecido, porque la naturaleza del hombre no cambia esencialmente; y cuando á los progresos materiales no siguen los morales é intelectuales generalizados, la civilización da grandes medios para acumular riquezas é impulsos irresistibles que lanzan á la miseria.

La igualdad no debe combatir á la propiedad que no traspasa los justos límites, ni puede evitar que los pase sino elevando el nivel moral é intelectual: la condición no es fácil de llenar, pero es aún más difícil sustituirla por ninguna otra.


CAPÍTULO VIII.

DE LA ASOCIACIÓN Y DE LA IGUALDAD.

Es común emplear indistintamente la palabra Asociación y la de Sociedad para expresar la reunión de personas que unen sus esfuerzos con un fin dado y bajo una regla que admiten. Así vemos que se dice Asociación de socorros mutuos, Asociación internacional, Sociedad de San Vicente de Paúl, Sociedad para la reforma de las prisiones, etc., etc. Conviene, sin embargo, fijarse en que es un modo de expresarse impropio, que la confusión de las palabras influye en la de las cosas, y que el socialismo debe en parte sus progresos á confundir la asociación con la sociedad: las esenciales diferencias que entre estas dos existen creemos que pueden reducirse á tres:

1.ª En la Sociedad se reunen los hombres para todos los fines de la vida; en la Asociación solamente para uno ó varios que al constituirla determinan.

2.ª En la Asociación se entra y se sale voluntariamente, siendo el asociado dueño de aceptar ó no sus condiciones y de separarse de ella cuando no considera su marcha conforme al objeto que se propone, ó éste ha dejado de parecerle útil ó justo: de la Sociedad formamos parte queriéndolo ó sin quererlo, y aunque se dirija mal ó se extravíe, no podemos separarnos de ella, ni aun dejar de contribuir en cierta medida á darle medios para que realice los fines que reprobamos. ¿Qué hará el que no esté conforme con la organización social de un país? ¿Irse á otro? De hecho es imposible que millones de hombres abandonen la patria, y en la nueva habría también cosas con que no estuvieran conformes y á las que tendrían que contribuir.