—No es que no me atreva, señorito; peores tiempos ha pasado uno. Sino que el barco es grande, y ¿cómo hemos de estar á la maniobra con este día? Si usted gobierna y yo quedo á proa, ¿cómo voy á atender á todo?

—Ya nos arreglaremos. Anda listo si quieres...

Calló Pablo y se alejó moviendo significativamente la cabeza. De pronto, volvióse para preguntar:

—El foque pequeño... ¿no?

—El grande y sin arrisar nada; no toques al «roling».

—Dirán que estamos locos...

—Que digan lo que quieran.

—Iremos, si es capricho.

—Lo es.

Pablo embarcó en el chinchorro, bogó hacia el balandro, y una vez en él izó la vela mayor, dejando dispuesto el foque.