c'est pour assouvir
ton moindre desir
qu'ils viennet du bout du monde...
Sin otras meditaciones y obtenido fácilmente el consentimiento de Eugenia Barquín, se puso en pie aquella singular caravana. Fuéronse con grande sorpresa de los vecinos de Torremar, sin previo itinerario, como artistas bohemios, por la vida adelante.
Quedó cerrada la vieja casita solariega, donde aún moraba la sombra triste de la mujer de Jaime; quedó el hogar abandonado, la huerta en barbecho, y abierta la solana, en muda hospitalidad, á las nidadas estivales de las golondrinas...
III
parís.—la musa del boulevard.—del sena al tíber.—las pulseras de fuego.—el castillo de rolando.—las fresas del rhin.
El primer alto de los peregrinos fué París, antiguo teatro de los triunfos y aventuras del buen Jaime de Alcántara; imán de todos los calaveras ociosos y noveleros del mundo. Allí conocieron Regina y su aya que el veleidoso poeta era todavía muy rico, porque Jaime acomodó á sus hijos en elegante morada y hartóles de regalos y finezas.
Pero aquel dorado bienestar tuvo para los niños una sombra; una sombra perfumada y tangible que respondía al nombre romántico de Silvia, y que arrastraba, con mucha languidez, por las lujosas estancias, el fru-fru de unas faldas de seda y la sonrisa inalterable de unos labios bermejos.