—Y hará una excursión á tu casa del valle; en honor suyo daremos una fiesta.
La de Villamor, poco enterada de mundanas intrigas en aquel tiempo, sintióse llena de curiosidad por descubrir aquélla, cuyo velo se alzaba casualmente ante sus ojos.
María la preguntó, sin contestarle nada á su marido:
—¿Qué título le pone á su novela Diego?
—Uno muy triste: Caminos de dolor...
Ya en el vestíbulo, Rosita, un poco pálida, le presentó el sombrero al señorito y abrió la rica puerta de bisagras de bronce y esmerilados cristales.
Extremando los cumplidos con Eva, se la llevó del brazo el caballero. Bajaban la elegante escalera muy alegres, en ovante coloquio; y sola en su cuarto, María se acercó á la ventana abierta sobre un breve jardín lleno de flores, y alzó al cielo los ojos, murmurando:
—¡Caminos de dolor... crueles caminos!