Y éste, con sorna, aseguró riendo:

—Me está dando un cuidado terrible esa noticia.

Indiferente á estas bromas punzantes, la dama rubia seguía contemplando con suma atención sus botitas menudas, y Eva, picada por aquella actitud y aquel mutismo, dijo de pronto, con penetrante acento:

—Pues yo iré á divertirme á Las Palmeras si el niño sigue bien.

Y se levantó para marcharse.

—Procuraremos que se divierta usted—repuso con intención Gracián.

Y, muy galante, quiso acompañarla, porque era ya de noche, y una mujer bonita, sola por la calle en Madrid...

Aceptó Eva sin excusa la interesada oferta, y entonces á María se le ocurrió decir:

—También va á Las Palmeras Casilda Manrique.

La miró Gracián con fijeza y encono, replicando: