Era la hora en que una mano torpe llamaba al aposento de María. Llamó quedo Gracián; luego, más fuerte... Una paz de sepulcro respondió á los reclamos del deseo en el casto recinto de la mujer cautiva y triste en su prisión humana, reina y señora en el glorioso triunfo del corazón.
Noche hermosa fué aquella en que se alzó la esclava en rebeldía, rompiendo, con todo el brío de su alma libre, el hierro ignominioso de la sumisión material, y levantando el palio de la honradez sobre el suplicio de su inmolada juventud... Lloraba María amargamente desecha de dolor, de hinojos, en su aposento, cerrado como una tumba... Fuera, el manso rocío de la nube, rastro de la tormenta, semejaba un infinito llanto del paisaje...
FIN DE LA NOVELA