—Aquí encontrará Villamor dos amiguitas... Eva y María...

Repuso Eva con aplomo:

—Es un muchacho de porvenir.

Y María, dulcemente, aseguró:

—Diego es muy bueno...

Otra vez se rieron las muchachas, al compás de la voz cristalina que sonaba á milagro en el salón de Las Palmeras, y Clara, como cosa indiscutible, pronunció en secreto:

—Esa chica es tonta...

Mientras se sucedían estos menudos acontecimientos, se estaba Galán atusando la barba con perezosa delectación; Pizarro gruñía desaforadamente, luego de discutir con la marquesa sobre el problema femenino; el marqués lanzaba su cómica elocuencia en medio del salón, diciendo herejías sobre cuestiones de arte; Rafaelito miraba á Luisa con sus grandes ojos de saurio, y López, el «buen López» repetía á cada instante sus predilectas muletillas:

—Muy bien... convenido... perfectamente...