—¡Un gran artista!—decía Eva.

—¡Un ruiseñor!—pensaba la de Ramírez.

Eclatante—aseguraba Nenúfar.

El marqués miraba á su esposa y á sus hijos como queriendo decir:

—¡He aquí los amigos que yo tengo!

Y el disidente Pizarro rezongaba entre dientes con aspereza.

—Oratoria «fin de siglo»... pour épater les bourgeois...

Generalizóse, al fin, la conversación; mas apenas abría la boca el forastero tornaban todos á escucharle con profundo interés...

María estaba de pie, junto á una de las ventanas. Caía la tarde; el sol, al ponerse, desgarrando el palio tenaz de las nubes, bañaba el parque de encendidos reflejos, dorando suavemente la mullida tierra mojada. Un opulento rosal escalaba el muro de la quinta y asomaba en los cristales la púrpura de sus rosas. Todo era bello y triste en aquella tarde estival.