—¡Qué sé yo...! Es otro: el de un hombre que sepa más del mundo, que no sea estudiante y que haya corrido muchas aventuras.
Los ojos visionarios de María resplandecen de curiosidad. Está esperando al viajero que llegue con el polvo de las lontananzas, cabalgando en la bruma del porvenir. Y como si ya tardara en recibirle, se levanta nerviosa; presenta la frente al padrino, y sale cruzando la casa con el rumor ligero y menudo de sus tacones.
III
FRATERNIDAD
Cansado Gil de las asperezas del monte, ha venido a ser criado de Nicolás, hortelano y ganadero más que sirviente fino de la casa.
Permanece soltero el pastor, acaso porque no hubo en la vega una mujer resignada al yugo del matrimonio y a la separación del marido, capaz de vivir triste y pobre frente a la montaña que le roba al compañero.