—Adiós—murmura como un eco el hombre inasequible.

La molinera sale del gabinete por el carasol lo mismo que había entrado, y allí se para indecisa sin saber qué rumbo tomar, con el triste azoramiento de un ave que tuviera las alas rotas.


X
LA CAUTIVA

El viento del otoño ha segado ya todas las flores; Manuel Jesús está muy lejos.

La molinera llora, pero oculta sus lágrimas y permite que en la ciudad le confeccionen los atavíos nupciales.