—Adiós—murmura como un eco el hombre inasequible.
La molinera sale del gabinete por el carasol lo mismo que había entrado, y allí se para indecisa sin saber qué rumbo tomar, con el triste azoramiento de un ave que tuviera las alas rotas.
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LA CAUTIVA
El viento del otoño ha segado ya todas las flores; Manuel Jesús está muy lejos.
La molinera llora, pero oculta sus lágrimas y permite que en la ciudad le confeccionen los atavíos nupciales.