¡Qué buena eres conmigo!

LUISA

Si te sirvo de algo no haré más que corresponderte.

MARCELA

Me sirves de mucho. Desde ayer puedo rezar y no se me endurecen los pensamientos, cerrados en la esclavitud... Es como si te diese un poco de este peso que me agobia.

LUISA

Me lo diste y se me aposentó aquí. (Señalándose el pecho.)

MARCELA

Pues con llevarlo tú me alivias. Me consuela saber que tengo a quién decirle hasta dónde se me hunde la compasión y la ternura por Jesús; como le quiero de un modo diferente a las otras madres que en el hijo disfrutan bienandanzas y goces... En mí todo el amor es una cuita que me consume... un dolor que me parte las entrañas...