ANDRÉS

(La mira en silencio. Coloca junto a ella el taburete donde antes trabajaba y se sienta muy pensativo. Sale al cabo de su meditación.) ¡Qué buena eres!... ¡Cuando cavilo que te hago llorar, alguna vez, como ahora, por ser yo torpe y brusco!

MARCELA

(Conmovida.) Calla, calla...

ANDRÉS

(Buscándole las manos y los ojos.) ¡Perdóname, Marcela!... No hay en el mundo otra criatura tan santa y generosa como tú... Creíste que ese niño era mío; desconfiaste de mí... y le diste la sangre y el calor; le aselaste en tu pecho como a un pajaruco sin nidal...

MARCELA

(Muy turbada.) ¡Calla, por Dios, Andrés!

ANDRÉS

(Vehemente.) Por lo que haces, a la vera de lo que dudas, ¡bendita seas!