(Con cierta pavura.) El monte es así, como una madriguera...

MANUEL

(En el mismo tono.) ¡Igual que una sima!...

ELÍAS

(A ANDRÉS.) Repara que tampoco tú fiaste en nuestra voz.

ANDRÉS

(Muy abatido.) Tampoco; asubié en la cabaña porque ya no podía Serafín andar ni yo mismo debatirme contra la fatiga y la inquietud. Esperaba allí una ayuda de Dios: ¡llegó el milagro y no tuve fe!... Respondí con un grito a otro apagado entre la nieve y el vendaval; pero respondí sin confianza, como quien sueña o tiene calentura, y no hallé amparo...

ANTONIO

(Profético.) ¡Es el destino de cada cual!

LUISA