Anoche, todos los actores de Eslava que tomaron parte en la obra lo hicieron a maravilla. Hasta los más secundarios; por ejemplo, aquellos dos pastores, llegados al llano de las alturas nevadas, parecían tipos arrancados de la propia sierra.

Todos dignos de plácemes, y sobre todos hemos de mencionar especialmente y en justicia a la Sra. Peñaranda, que dió la nota dramática más emocionante, sin gritos desentonados, gestos extemporáneos, sin aspavientos, sino con una sobriedad en la actitud y en la palabra, palabra cálida, humana, de dolor profundo y contenido, mil veces más emocionante y trágica que un coro de voces plañideras.

La Sra. Espina salió al final de todos los actos, reclamada por los aplausos unánimes del público. Reciba también el nuestro fervoroso.

Goy de Silva.

De "El Imparcial":

Con motivo del estreno de «El Jayón».

Hablando con Concha Espina.

Dulzura; todo en ella es dulzura: los ojos puros que miran siempre más allá, el pliegue de la boca cansada, los gestos pausados, la voz igual...

Entra en el saloncillo del teatro, donde la espero; el ancho sombrero de terciopelo negro proyecta una sombra suave sobre su rostro, cubriendo los cabellos negros; los largos pendientes de coral rojo no son en ella una extravagancia, ni siquiera una fantasía: son un adorno encantador e inmóvil, porque su cabeza apenas se mueve.

—Vengo a molestarla—la digo—con motivo del estreno de esta noche; la actualidad manda, y usted es hoy una figura de actualidad de primer orden...