(Tratando de parecer indiferente.) ¿Qué pasó?
MARCELA
Dejé a los nenes solos un instante para coger un poco de hierbabuena, y al volver del huerto la encontré aquí, entre las dos cunas, muy descolorida, muy asombrada. Di un grito, creyendo que era una aparición. Ella dió otro, como si la despertasen de un sueño... Quedóse muy cobarde y dijo:—Pasaba por aquí... y entré a mirar los niños. (ANDRÉS oye el relato muy absorto, con la cabeza baja.) Conque, yo, fuí y le dije: «Mira lo que quieras.» Y me metí adentro; pero volví en seguida, temerosa no sé de qué.
ANDRÉS
(Con voz sorda.) ¿Y ella?
MARCELA
Se había marchado lo mismo que un fantasma... Desde entonces me cela como si quisiera hablarme. Y yo tengo mucho miedo a sus ojos verdes igual que el río del ansar; a su cara sin colores; a su voz llena de agruras...
ANDRÉS
¿Sólo por eso te acuerdas hoy de tus sospechas, y sufres, y me haces sufrir? (Hace un movimiento para volver a su tarea.)
MARCELA