MARCELA
Pasaron nueve años, y tengo patente en el alma, como si fuera hoy, aquella noche blanca de luna y de miedo, llena de flores amarillas, que me tiraban de la ropa... (Va anocheciendo. Se oyen pasos en el corral. LUISA, que sigue de pie, se asoma a ver quién llega, sin soltar el ovillo que devana.)
LUISA
Aquí viene Antonio.
REMEDIOS
(A MARCELA, volviendo a su labor.) ¡No sé cómo lograste el hijo, con el susto y la caída!
MARCELA
(Aparte.) ¡Lograrse! ¡Más se logró el de «ella»!
ESCENA III
Dichas y ANTONIO