¿Y, entonces?

MARCELA

Llamé al médico. Le examinó con señales de compadecerse mucho, y sin decir el mal que tenía, va y me pregunta:—Este niño, ¿cuál es? Yo conocí que le iba a sentenciar para siempre, y como la comedianta que representa una mentira, salté y repuse:—Este es el jayón.

LUISA

¡Te creyó a pies juntos!

MARCELA

Igual que al Evangelio. Aun quiso echarme flores tratándome de generosa y buena porque criaba yo misma al infeliz... Y le sentenció a padecer doblado y enfermo, toda la vida...

LUISA

¡Vaya un trance!

MARCELA