(Delirante lanzada a la confidencia como en un vértigo.) Que los cambié en la cuna, que sentí el bochorno de confesar por mío al jorobado, al que mira todo el mundo con burlas o con lástima, y mentí... los troqué... ¡Soy una criminal!
LUISA
¿Te has vuelto loca?
MARCELA
No, Luisa; estoy en mi sana razón.
LUISA
(Sentándose al lado de MARCELA.) Pero... ¿cómo pudiste?...
MARCELA
Yo sola conocí la desgracia de mi criatura. Tenían los niños tres meses cada uno; eran como dos mellizos de semejantes y únicamente yo los diferenciaba, cuando un día palpé en el pecho de Serafín las costillas viciosas, los huesos retorcidos... Nublé de espanto.
LUISA