—Pues cuenta que derecho fué a la mies. Allí dió en preguntar con quién se casaba mi prima.

—¡Andanda!

—Estaría algo chocho... ¡tantos años!

—Y la boda ¿es con ese extranjero?

Pasó un fulgor oscuro por las turquesadas pupilas de Marinela.

—No sé—balbució, para añadir a poco:

—Pero, digo yo que sí.

—Es galán y bien apersonado—musitó en éxtasis Facunda...—¿Tienes hambre?—preguntó de repente, viendo a su amiga, blanca lo mismo que la cal, en demudación terrible.

—No—dijo la otra con la cabeza.

—Pues ¿qué tienes entonces?... ¡Estás priadica!