V
Los cazadores hoy no tienen prisa: tirados con pereza en el mantillo suave del bosque, esperan a Lecio, que llega poco después, a paso veloz, terciando con arrogancia la escopeta.
—Te habrás entretenido con la novia—le dicen.
Y con aire de ufanía responde:
—Una miaja de palique a la salida del Rosario..., y luego aquí en cuatro brincos.
—¿Y qué te cuenta Isabel «del asunto»?—insinúa Alcázar.
—Pues lo de siempre: que Don Felipe está muy contento con la boda; que también lo está la señorita... y que también lo está el novio... En fin: ¡que «estamos todos» muy contentos!