Los de la ronda les vieron pasar con inútil furor: Ángeles Ortega era una égida poderosa para el galán conquistador de los ojos azules.
VI
Chasqueados los rondadores, acordaron averiguar la hora en que Serrano salía del pueblo, y Lecio aseguró que él volvería con la noticia en un periquete.
Dió una vuelta en torno a la casa de su novia y silbó un aire convenido.
En una ventanita baja apareció al momento el garrido busto de Isabel.
—Temprano andáis de ronda—dijo placentera la joven.
—Más ha madrugado el doncel de la tu señorita, que ya está en el nidal.