—Sí; ahora vino: ella fué a encontrarle con el señor dando un paseo.
—Y, ¿hasta qué hora cortejan?
—Hasta las nueve o poco más.
—¡Parece mentira que la señorita Ángeles dé cara a un forastero!
—¡Si en el pueblo no hay quien la pretenda!
—¿Qué no hay?... ¡Pues no digo nada!... Ahí está, el primero, el señorito de la torre, muerto por sus pedazos.
—¿Don Julián?... Nunca le vi cortejarla.
—Porque ella no habrá querido; pero yo sé que se perece por la niña.
—¿Te lo ha dicho él?
—Esas cosas no se dicen cuando están a las claras... Don Julián es mozo noble, campechano, valiente si los hay, rico y nacido en buena cuna... ¡Hubiera hecho guapa boda con la señorita!...