—¿Han vuelto?
—¡No!...
La trágica lumbre de un relámpago ilumina a las dos madres y las acerca en instintivo impulso de terror. Se tienden las manos mirándose con ahinco a los ojos, y se sientan calladas, a esperar.
En la torre de la parroquia plañe una campana gemebunda; cae más menudo y fino el polvo de la nieve; se desgarra una pálida nube y dos estrellas se miran en el cielo, temblorosas...
VII
RÁFAGAS DE TEMPESTAD.—LA SELVA MUDA.—EL CANTAR DEL AGUA.—LA HUÍDA.—EL GRITO CELTA.
De amanecida, rota apenas la mañana, Andrés vió la espesura de las nubes y sintió el frío precursor de la nieve. Un silencio desnudo bajaba del medroso celaje y un hálito de hielo corría por las llecas y el mantillo, como si tiritase el monte.
Ya el pastor dispersaba el rebaño, y la leche fresca rezumaba en las zapitas, acerca de la borona rubia, cuando Andrés despertó a los niños ponderándoles la necesidad de volver al pueblo sin que reventase el nublado.