Nuestro viaje ha sido muy feliz, y no podía dejar de serlo con tan buena compañía. Los pueblos por donde hemos pasado nos han aclamado más que antes.
Esperamos con ansia la respuesta de V. A. a la carta que le escribimos esta mañana, y no queremos incomodarle más, ni quitarle el tiempo precioso que necesita para tantas ocupaciones. Ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»
Carta de la reina de España al gran duque de Berg en 10 de abril de 1808.
«Señor mi hermano: la carta que V. A. nos ha escrito, y hemos recibido hoy muy temprano, me ha tranquilizado. Nosotros estamos puestos en las manos del emperador y de V. A. No debemos temer nada el rey mi marido, nuestro amigo común y yo. Lo esperamos todo del emperador que decidirá pronto nuestra suerte.
Tenemos el mayor placer y consuelo en esperar mañana el momento de ver y poder hablar a V. A. Será para nosotros un instante bien feliz, así como el de ver al emperador. Mientras tanto que esto se verifica, rogamos de nuevo a V. A. que proceda de modo que saque al príncipe de la Paz su amigo del poder de las horribles manos que lo tienen, y lo ponga en seguridad de que no se le mate, ni se le haga mal alguno; pues los malignos y falsos ministros actuales harán todo lo posible para anticiparse cuando llegue el emperador.
Mi hijo habrá partido ya, y procurará en su viaje persuadir al emperador todo lo contrario de lo que ha pasado en verdad. Él y los que lo rodean habrán preparado tales datos y mentiras, aparentándolas como verdades que el emperador, cuando menos, entraría en dudas, si no hubiera sido informado ya de la verdad por V. A.
Mi hijo ha dejado todas sus facultades al infante Don Antonio su tío, el cual tiene muy poco talento y luces; pero es cruel, e inclinado a todo cuanto pueda ser pesadumbre del rey mi marido y mía, y del príncipe de la Paz y de mi hija Luisa. Aunque debe proceder de acuerdo de un consejo que se le ha nombrado, este se compone de toda la facción tan detestable que ha ocasionado toda la revolución actual, y que no está en favor de los franceses más que mi hijo Fernando, a pesar de todo lo que se ha dicho en la Gaceta de ayer, pues solo el miedo al emperador hace hablar así.
Me atrevo también a decir a V. A. que el embajador está totalmente por el partido de mi hijo de acuerdo con el maligno hipócrita clérigo Escóiquiz, y harán lo que no es imaginable para ganar a V. A., y sobre todo al emperador. Prevenid todo esto a S. M. antes que lo vea mi hijo; pues como este sale hoy, y el rey mi marido tiene la mano tan hinchada, no ha escrito la carta que mi hijo le pedía, por lo cual este no llevará ninguna; y el rey no puede escribir de su mano a V. A., lo que le es muy sensible, pues nosotros no tenemos otro amigo, ni confianza sino en V. A. y en el emperador, de quien esperamos todo.
Vivid bien persuadido del grande afecto que tenemos a V. A., así como confianza y seguridad: en cuyo supuesto ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»
Nota. Toda esta correspondencia se halla inserta en el Monitor del 5 de febrero de 1810, excepto el informe del general Monthion que se insertó en el de 3 de mayo de 1808. En el Monitor algunas de las cartas de la reina de Etruria y de Carlos IV están en italiano. Hemos tomado la traducción de todas ellas de las memorias de Nellerto, tom. 2.º, después de haberla confrontado con las cartas originales insertas en los Monitores citados. Nos hemos cerciorado de la exactitud, objeto principal en la inserción de estos documentos, sin habernos detenido en reparos acerca del estilo; pero no creemos inoportuno advertir que debe leerse con desconfianza la calificación que se hace en algunas de estas cartas del carácter y conducta de los personajes nombrados en ellas, por ser hija del resentimiento de una señora sobrecogida a la sazón de todo género de recelos, y cuya vehemente imaginación alterada por el cúmulo de sucesos extraordinarios y adversos ocurridos en aquellos memorables días, le presentaba las cosas y las personas con los más negros colores.