El rey N. S. haciendo el más alto aprecio de los deseos que el emperador de los franceses ha manifestado de disponer de la suerte del preso Don Manuel de Godoy, escribió desde luego a S. M. I. mostrando su pronta y gustosa voluntad de complacerle, asegurado S. M. de que el preso pasaría inmediatamente la frontera de España, y que jamás volvería a entrar en ninguno de sus dominios.
El emperador de los franceses ha admitido este ofrecimiento de S. M., y mandado al gran duque de Berg que reciba el preso, y lo haga conducir a Francia con escolta segura.
La junta de gobierno instruida de estos antecedentes, y de la reiterada expresión de la voluntad de S. M., mandó ayer al general, a cuyo cargo estaba la custodia del citado preso, que lo entregase al oficial que destinase para su conducción el gran duque; disposición que ya queda cumplida en todas sus partes. Madrid 21 de abril de 1808.
Número [2-17].
Oficio del general Belliard a la junta de gobierno. (Véase la memoria de Ofárril y Azanza.)
«Habiendo S. M. el emperador y rey manifestado a S. A. el gran duque de Berg que el príncipe de Asturias acababa de escribirle diciendo «que le hacía dueño de la suerte del príncipe de la Paz», S. A. me encarga en consecuencia que entere a la junta de las intenciones del emperador, que le reitera la orden de pedir la persona de este príncipe y de enviarle a Francia.
Puede ser que esta determinación de S. A. R. el príncipe de Asturias no haya llegado todavía a la junta. En este caso se deja conocer que S. A. R. habrá esperado la respuesta del emperador; pero la junta comprenderá que el responder al príncipe de Asturias sería decidir una cuestión muy diferente; y ya es sabido que S. M. I. no puede reconocer sino a Carlos IV.
Ruego pues a la junta se sirva tomar esta nota en consideración, y tener la bondad de instruirme sobre este asunto, para dar cuenta a S. A. I. el gran duque de la determinación que tomase.
El gobierno y la nación española solo hallarán en esta resolución de S. M. I. nuevas pruebas del interés que toma por la España; porque alejando al príncipe de la Paz, quiere quitar a la malevolencia los medios de creer posible que Carlos IV volviese el poder y su confianza al que debe haberla perdido para siempre; y por otra parte la junta de gobierno hace ciertamente justicia a la nobleza de los sentimientos de S. M. el emperador, que no quiere abandonar a su fiel aliado.
Tengo el honor de ofrecer a la junta las seguridades de mi alta consideración. — El general y jefe del estado mayor general, Augusto Belliard. — Madrid 20 de abril de 1808.»