Se desarma
a los españoles
de Lisboa.

Súpose en Lisboa el 9 de junio la marcha de las tropas españolas de Oporto, y lo demás que en esta ciudad había pasado. Sin dilación pensó Junot en tomar una medida vigorosa con los cuerpos de la misma nación que tenía consigo, y cuyos soldados estaban con el ánimo tan alborotado como todos sus compatriotas. Temíase una sublevación de parte de ellos y no sin algún fundamento. Ya en el mes anterior y cuando en 5 de mayo dio en Extremadura la proclama de que hicimos mención el desgraciado Torre del Fresno, había sido enviado allí de Badajoz el oficial Don Federico Moreti para concertarse con el general Don Juan Carrafa y preparar la vuelta a España de aquellas tropas. La comisión de Moreti no tuvo resulta, así por ser temprana y arriesgada, como también por la tibieza que mostró el mencionado Carrafa; pero después embraveciéndose la insurrección española, llegaron de varios puntos emisarios que atizaban, faltando solo ocasión oportuna para que hubiese un rompimiento. Ofrecíasela lo acaecido en Oporto, y con objeto de prevenir golpe tan fatal, procuró Junot antes de que se esparciese la noticia sorprender a los nuestros y desarmarlos. Pudo sin embargo escaparse de Mafra y pasar a España el marqués de Malaespina con el regimiento de dragones de la Reina; y para engañar a los demás emplearon los franceses varios ardides, cogiendo a unos en los cuarteles y a otros divididos. Mil y doscientos de ellos que estaban en el campo de Ourique, rehusaron ir al convento de San Francisco, barruntando que se les armaba alguna celada. Entonces Junot los mandó llamar al Terreiro do Pazo, fingiendo que era con intento de embarcarlos para España. Alborozados por nueva tan halagüeña llegaron a aquella plaza, cuando se vieron rodeados por 3000 franceses, y asestada contra sus filas la artillería en las bocacalles. Fueron pues desarmados todos y conducidos a bordo de los pontones que había en el Tajo. No se comprendió a los oficiales en precaución tan rigurosa; pero no habiendo creído algunos de ellos deber respetar una palabra de honor que se les había arrancado después de una alevosía, se fugaron a España, y de resultas sus compañeros fueron sometidos a igual y desgraciada suerte que los soldados.

Rechazan
los españoles
a los franceses
en Os-Pegões.

No fue tan fácil sorprender ni engañar a los que estando a la izquierda del Tajo vivían más desembarazadamente. Así desertó la mayor parte del regimiento de caballería de María Luisa, y fue notable la insurrección de los cuerpos de Valencia y Murcia, de los que con una bandera se dirigieron a España muchos soldados. Estaban en Setúbal, y el general francés Graindorge que allí mandaba los persiguió. Hubo un reencuentro en Os-Pegões, y los franceses habiendo sido rechazados no pudieron detener a los nuestros en su marcha.

Levantamiento
de los Algarbes.

El haber desarmado a los españoles de Lisboa motivó la insurrección de los Algarbes, y por consecuencia la de todo el mediodía de Portugal. Gobernaba aquella provincia de parte de los franceses el general Maurin, a quien estando enfermo sustituyó el coronel Maransin. Eran cortas las tropas que estaban a sus órdenes, y cuidadoso dicho jefe con los alborotos, había salido para Vila Real en donde construía una batería que asegurase aquel punto contra los ataques de Ayamonte. Ocupado en guarecerse de un peligro, otro más inmediato vino a distraerle y consternarle. Era el 16 de junio cuando Olhá, pequeño pueblo de pescadores a una legua de Faro, se sublevó a la lectura de una proclama que había publicado Junot con ocasión de haber desarmado a los españoles. Dio el coronel José López de Sousa el primer grito contra los franceses, que fue repetido por toda la población. Este alboroto estuvo a punto de apaciguarse; pero obligado Maransin, que había acudido al primer ruido a salir de Faro para combatir a los paisanos que levantados descendían de las montañas que parten término con el Alentejo, se sublevó a su vez dicha ciudad de Faro, formó una junta, se puso en comunicación con los ingleses, y llevó a bordo de sus navíos al enfermo general Maurin y a los pocos franceses que estaban en su compañía. Maransin en vista de la poca fuerza que le quedaba se retiró a Mértola para de allí darse más fácilmente la mano con los generales Kellerman y Avril que ocupaban el Alentejo. Se aproximó después a Beja, y por haberle asesinado algunos soldados la entró a saco el 25 de junio. Prendió la insurrección en otros puntos, y en todos aquellos en que el espíritu público no fue comprimido por la superioridad de la fuerza francesa, se repitió el mismo espectáculo y hubo iguales alborotos que en el resto de la península. Entre la junta de Faro y los españoles suscitose cierta disputa por haber estos destruido las fortificaciones de Castro Marim. De ambos lados se dieron las competentes satisfacciones, y amistosamente se concluyó un convenio adecuado a las circunstancias entre los nuevos gobiernos de Sevilla y Faro.

Convenciones
entre algunas
juntas de España
y Portugal.

No faltó quien viese así en este arreglo como en lo que antes se había estipulado entre Galicia y Oporto, una preparación para tratados más importantes que hubieran podido rematar por una unión y acomodamiento entre ambas naciones. Desgraciadamente varios obstáculos con los cuidados graves de entonces debieron impedir que se prosiguiese en designio de tal entidad. Es sin embargo de desear que venga un tiempo en que desapareciendo añejas rivalidades, e ilustrándose unos y otros sobre sus recíprocos y verdaderos intereses, se estrechen dos países que al paso que juntos formarán un incontrastable valladar contra la ambición de los extraños, desunidos solo son víctima de ajenas contiendas y pasiones.

RESUMEN