Aquel reino si bien al parecer tranquilo, viéndose agobiado con las extraordinarias cargas y ofendido de los agravios que se hacían a sus habitantes, tan solo deseaba oportuna ocasión en que sacudir el yugo que le oprimía.

Su situación.

Junot en su desvanecimiento a veces había ideado ceñirse la corona de Portugal. Para ello hubo insinuaciones, sordas intrigas, proyectos de constitución y otros pasos que no haciendo a nuestro propósito, los pasaremos en silencio. Tuvo por último que contentarse con la dignidad de duque de Abrantes a que le ensalzó su amo en remuneración de sus servicios.

Desde el mes de marzo con motivo de la llamada de las tropas españolas anduvo el general francés inquieto, temiendo que se aumentasen los peligros al paso que se disminuía su fuerza. Se tranquilizó algún tanto cuando vio que al advenimiento al trono de Fernando habían recibido los españoles contra orden. Así fue, como hemos dicho, que los de Oporto volvieron a sus acantonamientos; se mantuvieron quietos en Lisboa y sus contornos los de Don Juan Carrafa; y solo de los de Solano se restituyeron a Setúbal cuatro batallones, no habiendo Junot tenido por conveniente recibir a los restantes. Prefirió este guardar por sí el Alentejo, y envió a Kellerman para reemplazar a Solano, cuya memoria fue tanto más sentida por los naturales, cuanto el nuevo comandante se estrenó con imponer una contribución en tal manera gravosa que el mismo Junot tuvo que desaprobarla. Kellerman transfirió a Elvas su cuartel general para observar de cerca a Solano, quien permaneció en la frontera hasta mayo, en cuyo tiempo se retiró a Andalucía.

En este estado se hallaban las cosas de Portugal cuando, después del suceso del 2 de mayo en Madrid, receloso Napoleón de nuevos alborotos en España, Divisiones
francesas
que intentan
pasar a España. ordenó a Junot que enviase del lado de Ciudad Rodrigo 4000 hombres que obrasen de concierto con el mariscal Bessières, y otros tantos por la parte de Extremadura para ayudar a Dupont que avanzaba hacia Sierra Morena. Al entrar junio llegaron los primeros al pie del fuerte de la Concepción, el cual situado sobre el cerro llamado el Gardón, sirve como de atalaya para observar la frontera portuguesa y las plazas de Almeida y Castel-Rodrigo. El general Loison que mandaba a los franceses ofreció al comandante español algunas compañías que reforzasen el fuerte contra los comunes enemigos de ambas naciones. El ardid por tan repetido era harto grosero para engañar a nadie. Pero no habiendo dentro la suficiente fuerza para la defensa, abandonó el comandante por la noche el fuerte, y se refugió a Ciudad Rodrigo, cuya plaza distante cinco leguas, y levantada ya como toda la provincia de Salamanca, redobló su vigilancia y contuvo así los siniestros intentos de Loison. Por la parte del mediodía los 4000 franceses que debían penetrar en las Andalucías, trataron con su jefe Avril de dirigirse sobre Mértola, y bajando después por las riberas de Guadiana, desembocar impensadamente en el condado de Niebla. Allí la insurrección había tomado tal incremento, que no osaron continuar en empresa tan arriesgada. Al paso que así se desbarataron los planes de Napoleón, que en esta parte no hubieran dejado de ser acertados, si más a tiempo hubiesen tenido efecto los acontecimientos del norte de Portugal, vinieron del todo a trastornar a Junot, y levantar un incendio universal en aquel reino.

Los españoles
se retiran
de Oporto.

Los españoles a su vuelta a Oporto habían sido puestos a las órdenes del general francés Quesnel. Desagradó la medida inoportuna en un tiempo en que la indignación crecía de punto, e inútil no siendo afianzada con tropa francesa. Andaba así muy irritado el soldado español, cuando alzándose Galicia comunicó aquella junta avisos para que los de Oporto se incorporasen a su ejército y llevasen consigo a cuantos franceses pudiesen coger. Concertáronse los principales jefes, se colocó al frente al mariscal de campo Don Domingo Belestá como de mayor graduación, y el 6 de junio habiendo hecho prisionero a Quesnel y a los suyos, que eran muy pocos, tomó toda la división española que estaba en Oporto el camino de Galicia. Primer
levantamiento
de Oporto. Antes de partir dijo Belestá a los portugueses que les dejaba libres de abrazar el partido que quisieran, ya fuese el de España, ya el de Francia, o ya el de su propio país. Escogieron el último como era natural. Pero luego que los españoles se alejaron, amedrentadas las autoridades se sometieron de nuevo a Junot.

Levantamiento de
Tras-os-Montes
y segundo
de Oporto.

Continuaron de este modo algunos días hasta que el 11 de junio habiéndose levantado la provincia de Tras-os-Montes, y nombrado por su jefe al teniente general Manuel Gómez de Sepúlveda, hombre muy anciano, se extendió a la de Entre-Duero-y-Miño la insurrección, y se renovó el 18 en Oporto en donde pusieron a la cabeza a Don Antonio de San José de Castro, obispo de la diócesis. Cundió también a Coimbra y otros pueblos de la Beira, haciendo prisioneros y persiguiendo a algunas partidas sueltas de franceses. Loison que desde Almeida había intentado ir a Oporto, retrocedió al verse acometido por la población insurgente de las riberas del Duero.

Una junta se formó en Oporto que mandó en unión con el obispo, la cual fue reconocida por todo el norte de Portugal. Al instante abrió tratos con Inglaterra, y diputó a Londres al vizconde de Balsemao y a un desembargador. Entabló también con Galicia convenientes relaciones, y entre ambas juntas se concluyó una convención o tratado de alianza ofensiva y defensiva.