1.º Que abrir nuestras Américas al comercio francés es partirlas entre España y Francia; que de abrirlas únicamente para los franceses es dado que no quede de una vez arrollada la arrogancia inglesa, alejar cada día más la paz, y perder hasta que esta se firme nuestras comunicaciones y las de los franceses con aquellas regiones.

He dicho que aun cuando se admita el comercio francés no debe permitirse que se avecinden vasallos de la Francia en nuestras colonias, con desprecio de nuestras leyes fundamentales.

2.º Concerniente a lo de Portugal he hecho presente nuestras estipulaciones de 27 de octubre último; he hecho ver el sacrificio del rey de Etruria; lo poco que vale Portugal separado de sus colonias; su ninguna utilidad para España, y he hecho una fiel pintura del horror que causaría a los pueblos cercanos al Pirineo la pérdida de sus leyes, libertades, fueros y lengua, y sobre todo el pasar a dominio extranjero.

He añadido: no podré yo firmar la entrega de Navarra por no ser el objeto de execración de mis compatriotas, como sería si constase que un navarro había firmado el tratado en que la entrega de la Navarra a la Francia estaba estipulada.

En fin he insinuado que si no había otro remedio para erigirse un nuevo reino, virreinato de Iberia, estipulando que este reino o virreinato no recibiese otras leyes, otras reglas de administración que las actuales, y que sus naturales conservasen sus fueros y exenciones. Este reino o virreinato podría darse al rey de Etruria, o a otro infante de Castilla.

3.º Tratándose de fijar la sucesión de España he manifestado lo que el rey N. S. me mandó que dijese de su parte; y también he hecho de modo que creo quedan desvanecidas cuantas calumnias inventadas por los malévolos en ese país han llegado a inficionar la opinión pública en este.

4.º Por lo que concierne a la alianza ofensiva y defensiva, mi celo patriótico ha preguntado al príncipe de Benevento si se pensaba en hacer de España un equivalente a la confederación del Rin, y en obligarla a dar un contingente de tropas, cubriendo este tributo con el decoroso nombre de tratado ofensivo y defensivo. He manifestado que nosotros estando en paz con el imperio francés no necesitamos para defender nuestros hogares de socorros de Francia; que Canarias, Ferrol y Buenos Aires lo atestiguan; que el África es nula &c.

En nuestras conversaciones ha quedado ya como negocio terminado el del casamiento. Tendría efecto; pero será un arreglo particular de que no se tratará en el convenio de que se envían las bases.

En cuanto al título de emperador que el rey N. S. debe tomar no hay, ni había dificultad alguna. Se me ha encargado que no se pierda un momento en responder a fin de precaver las fatales consecuencias a que puede dar lugar el retardo de un día el ponerse de acuerdo.

Se me ha dicho que se evite todo acto hostil, todo movimiento que pudiera alejar el saludable convenio que aún puede hacerse.