Proclama de Carlos IV.

«Amados vasallos míos: vuestra noble agitación en estas circunstancias es un nuevo testimonio que me asegura de los sentimientos de vuestro corazón; y Yo que cual padre tierno os amo, me apresuro a consolaros en la actual angustia que os oprime. Respirad tranquilos: sabed que el ejército de mi caro aliado el emperador de los franceses atraviesa mi reino con ideas de paz y de amistad. Su objeto es trasladarse a los puntos que amenaza el riesgo de algún desembarco del enemigo, y que la reunión de los cuerpos de mi guardia ni tiene el objeto de defender mi persona, ni acompañarme en un viaje que la malicia os ha hecho suponer como preciso. Rodeado de la acendrada lealtad de mis vasallos amados, de la cual tengo tan irrefragables pruebas, ¿qué puedo Yo temer? Y cuando la necesidad urgente lo exigiese, ¿podría dudar de las fuerzas que sus pechos generosos me ofrecerían? No: esta urgencia no la verán mis pueblos. Españoles, tranquilizad vuestro espíritu: conducíos como hasta aquí con las tropas del aliado de vuestro rey, y veréis en breves días restablecida la paz de vuestros corazones, y a mí gozando la que el cielo me dispensa en el seno de mi familia y vuestro amor. Dado en mi palacio real de Aranjuez a 16 de marzo de 1808. — Yo el rey — A Don Pedro Cevallos.»

Número [2-2].

Decreto de S. M. el rey Carlos IV exonerando a Don Manuel Godoy de sus empleos de generalísimo y almirante.

«Queriendo mandar por mi persona el ejército y la marina, he venido en exonerar a Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, de sus empleos de generalísimo y almirante, concediéndole su retiro donde más le acomode. Tendreislo entendido, y lo comunicaréis a quien corresponda. Aranjuez 18 de marzo de 1808. — A Don Antonio Olaguer Feliú.»

Número [2-3].

Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez a 18 de marzo de 1808.

«Señor mi hermano: hacía bastante tiempo que el príncipe de la Paz me había hecho reiteradas instancias para que le admitiese la dimisión de los encargos de generalísimo y almirante, y he accedido a sus ruegos; pero como no debo poner en olvido los servicios que me ha hecho, y particularmente los de haber cooperado a mis deseos constantes e invariables de mantener la alianza y la amistad íntima que me une a V. M. I. y R., yo le conservaré mi gracia.

Persuadido yo de que será muy agradable a mis vasallos, y muy conveniente para realizar los importantes designios de nuestra alianza, encargarme yo mismo del mando de mis ejércitos de tierra y mar, he resuelto hacerlo así y me apresuro a comunicarlo a V. M. I. y R., queriendo dar en esto nuevas pruebas de afecto a la persona de V. M. de mis deseos de conservar las íntimas relaciones que nos unen, y de la fidelidad que forma mi carácter del que V. M. I. y R. tiene repetidos y grandes testimonios.

La continuación de los dolores reumáticos que de un tiempo a esta parte me impiden usar de la mano derecha, me privan del placer de escribir por mí mismo a V. M. I. y R.