El embajador es todo de mi hijo; lo cual me hace temblar, porque mi hijo no quiere al gran duque ni al emperador sino solo el despotismo. El gran duque debe estar persuadido que no digo esto por venganza ni resentimiento de los malos tratos que nos hace sufrir, pues nosotros no deseamos sino la tranquilidad del gran duque y del emperador. Estamos totalmente puestos en manos del gran duque deseando verle para que conozca todo el valor que damos a su augusta persona y a sus tropas, como a todo lo que le sea relativo.»
Carta de la reina de Etruria para el gran duque de Berg en Madrid a 29 de marzo de 1808 con una nota de la reina de España su madre.
«Mi señor y querido hermano: mi madre os escribe algunas líneas. Yo os incluyo la adjunta mía para el emperador rogándoos dispongáis que llegue prontamente a su destino. Recomendadme a S. M. y prometedme como os suplico ir después de mañana a Aranjuez. Tomad en mis asuntos el interés que yo tomo en lo relativo a vuestra persona, y creed que soy de todo mi corazón vuestra afecta hermana y amiga. — María Luisa.»
Nota de puño y letra de la reina de España.
«No quisiéramos ser importunos al gran duque. El rey me hace tomar la pluma para decir que considera útil que el gran duque escribiese al emperador insinuando que convendría que S. M. I. diese órdenes sostenidas con la fuerza para que mi hijo o el gobierno nos dejen tranquilos al rey, a mí y al príncipe de la Paz hasta tanto que S. M. llegue. En fin el gran duque y el emperador sabrán tomar las medidas necesarias para que se esperen su arribo u órdenes sin que antes seamos víctimas. — Luisa.»
Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg en Madrid a 30 de marzo de 1808, con otra de su madre y un artículo escrito de mano propia de Carlos IV.
«Señor y hermano: os remito una carta que mi madre me ha enviado, y os suplico que me digáis si vuestra guardia o vuestras tropas han pasado a guardar al príncipe de la Paz. Deseo también saber cuál es el estado de la salud del príncipe, y qué opina vuestro médico en el asunto. Respondedme al instante porque pienso visitar a mi madre uno de estos días sin detenerme allí más que lo preciso para hablar y volver aquí. Id pronto pues solo vos podéis ser mi defensor, y vuelvo a rogaros que me respondáis sin detención: entre tanto soy de corazón vuestra afectísima hermana y amiga. — María Luisa.»
Carta de la reina de España citada en la anterior.
«Si el gran duque no toma a su cargo que el emperador exija prontamente órdenes de impedir los progresos de las intrigas que hay contra el rey mi esposo, contra el príncipe de la Paz su amigo, contra mí y aun contra mi hija Luisa, ninguno de nosotros está seguro. Todos los malévolos se reúnen en Madrid alrededor de mi hijo: este los cree como a oráculos, y por sí mismo no es muy inclinado a la magnanimidad ni a la clemencia. Debe temerse de ellos toda mala resulta. Yo tiemblo y lo mismo mi marido si mi hijo ve al emperador antes que este haya dado sus órdenes, pues él y los que le acompañan contarán a S. M. I. tantas mentiras que lo pongan por lo menos en estado de dudar de la verdad. Por este motivo rogamos al gran duque consiga del emperador que proceda sobre el supuesto de que nosotros estamos absolutamente puestos en sus manos, esperando que nos dé la tranquilidad para el rey mi esposo, para mí y para el príncipe de la Paz, de quien deseamos que nos lo deje a nuestro lado para acabar nuestros días tranquilamente en un país conveniente a nuestra salud, sin que ninguno de nosotros tres les hagamos la menor sombra. Rogamos con la mayor instancia al gran duque que se sirva mandar darnos diariamente noticias de nuestro amigo común el príncipe de la Paz, pues nosotros ignoramos todo absolutamente.»
El siguiente artículo está escrito de letra de Carlos IV.