Romana llegó a Astorga con unos 16.000 hombres y 40 piezas de artillería. Dejó en Galicia pocos cuadros y escasos medios para que con ellos pudiese Noroña formar un ejército de reserva. Una corta división al mando de Don Juan José García se situó en el Bierzo, y Ballesteros desde las cercanías de León hizo posteriormente hacia Santander una excursión que no tuvo particular resulta.
Sucédele después
en el mando
del ejército
el duque
del Parque.
Permaneció Romana en Astorga hasta el 18 de agosto en que se despidió de sus tropas habiendo sido nombrado por la junta de Valencia para desempeñar el puesto vacante en la central por fallecimiento del príncipe Pío. El mando de su ejército recayó después en el duque del Parque, al cual también se unió aunque más tarde Ballesteros, caminando todos la vuelta de Ciudad Rodrigo.
Los franceses que salieron de Galicia y que componían el 2.º y 6.º cuerpo debieron ponerse por resolución de Napoleón recibida en 2 de julio a las órdenes de Soult, como igualmente el 5.º del mando del mariscal Mortier que estaba en Valladolid procedente de Aragón. Varios obstáculos opuso José al inmediato cumplimiento en todas sus partes de la voluntad de su hermano; y de ello daremos cuenta en el próximo libro.
Fin de este libro.
Ahora terminando este conviene notar lo poco que a pesar de tan grandes esfuerzos habían adelantado los franceses en la conquista de España. Ocho meses eran corridos después de la terrible invasión en noviembre del emperador francés, y sus huestes no enseñoreaban todavía ni un tercio del territorio peninsular. Inútilmente daban y ganaban batallas, inútilmente se derramaban por las provincias, de las que ocupadas unas levantábanse otras, y yendo al remedio de estas, aquellas se desasosegaban y de nuevo se trocaban en enemigas. Parangón
de la guerra
de Austria
y España. ¡Cuán diferente cuadro presentaba por aquel tiempo el Austria! Allí había en abril abierto la campaña el archiduque Carlos con ejércitos bien pertrechados y numerosos, solo tres o cuatro batallas se habían dado, una de éxito contrario a Napoleón, y sin embargo ya en 12 de julio celebrose en Znaim una suspensión de armas, preludio de la paz. Así una nación poderosa y militar sujetábase a las condiciones del vencedor al cabo de tres meses de guerra, y España después de un año, sin verdaderos ejércitos y muchas veces sola en la lucha, manteníase incontrastable por la firme voluntad de sus moradores. Tanta diferencia media, no nos cansaremos de repetirlo, entre las guerras de gabinete y las nacionales. Al primer revés se cede en aquellas, mas en estas sin someterse fácilmente los defensores al remolino de la fortuna, cuando se les considera deshechos, crecen; cuando caídos, se empinan. Conocíalo muy bien el grande estadista Pitt,[*] (* Ap. n. [8-10].) quien rodeado de sus amigos en 1805 al saber la rendición de Mack en Ulma con 40.000 hombres exclamando aquellos que todo estaba perdido y que no había ya remedio contra Napoleón, Previsión notable
de Pitt. replicó, todavía lo hay si consigo levantar una guerra nacional en Europa, añadiendo en tono, al parecer profético, y esta guerra ha de comenzar en España.
APÉNDICES
AL TOMO SEGUNDO.