Así tornó aquel reino a verse libre de enemigos al cabo de cinco meses de ocupación, durante los cuales perdieron los franceses la mitad de la tropa con que habían penetrado en aquel suelo, ya en las acciones con los ingleses, ya en la terrible guerra con que les habían continuamente molestado los ejércitos y población de Galicia y Portugal.

Entra Noroña
en la Coruña.

A pocos días entró en la Coruña el conde de Noroña y la división del Miño, siendo recibidos no solo con alborozo general y bien sentido, sino también quedándose los espectadores admirados de que gente mal pertrechada y tan varia en su formación y armamento hubiera conseguido tan señaladas ventajas contra un ejército de la apariencia, práctica y regularidad que asistían al de los franceses.

Por entonces y antes de promediar junio fue también evacuado el principado de Asturias. Además de lo ocurrido en Galicia y Portugal aceleraron la retirada de los enemigos los movimientos y amago que hicieron las tropas y paisanaje de la misma provincia. 18.000 hombres la habían invadido: una parte, según en su lugar se dijo, volvió luego a Galicia con el mariscal Ney, otra mandada por el general Bonnet viose obligada a acudir a la montaña a donde la llamaba la marcha de Don Francisco Ballesteros, y la restante fuerza sobrado débil para resistir Worster
y Bárcena. a los generales Don Pedro de la Bárcena y Worster que avanzaban a Oviedo del lado de poniente, salió con Kellermann camino de Castilla. El primero de aquellos generales cayendo de Teberga sobre Grado había antes arrojado de esta villa a unos 1300 franceses que estaban allí apostados, cogiendo 80 prisioneros.

Ballesteros pasa
a Castilla
y a las montañas
de Santander.

Por la parte oriental del principado había reunido el general Ballesteros más de 10.000 hombres. Entraba en su número un batallón de la Princesa que había ido a Oviedo con Romana, y el cual mandado por su coronel D. José O’Donnell se le había unido, no pudiendo embarcarse en Gijón. También se agregó después el regimiento de Laredo que pertenecía a las montañas de Santander y la partida o cuerpo volante de D. Juan Díaz Porlier. Entusiasmado el general Ballesteros con las memorias de Covadonga pensó que podían resucitar en aquel sitio los días de Pelayo. Anduvo por tanto reacio en alejarse hasta que falto de víveres y estrechado por el enemigo tuvo el 24 de mayo que abandonar de noche la cueva y santuario, y trepar por las faldas de elevados montes, no teniendo más dirección que la de sus cimas, pues allí no había otra salida sino el camino que va a Cangas de Onís, y este le ocupaban los franceses. En medio de afanes consiguió Ballesteros llegar el 26 a Valdeburón en Castilla de donde se trasladó a Potes. Meditando entonces lo más conveniente resolvió de acuerdo con otros jefes acometer a Santander, cuya guarnición desprevenida se juzgaba ser solo de 1000 hombres. Se encaminó con este propósito a Torrelavega en donde se detuvo más de lo necesario. Por fin al amanecer del 10 emprendiose la expedición, pero tan descuidadamente que el enemigo se abrió paso dejando solo en nuestro poder 200 prisioneros. Ocupa Santander. Entraron las tropas de Ballesteros el mismo día en Santander, mas la ocupación de esta ciudad no duró largo tiempo. En la misma noche revolviendo sobre ella los franceses ya reforzados, penetraron por sus calles y pusiéronlo todo en tal confusión que los más de los nuestros se desbandaron, y el general Ballesteros creyendo perdida su división se embarcó precipitadamente con Don José O’Donnell en una lancha en que bogaron por falta de remos y remeros dos soldados con sus fusiles. Intrepidez
de Porlier. Don Juan Díaz Porlier se salvó con alguna tropa atravesando por medio de los enemigos con la intrepidez que le distinguía. Fue también notable y digna de la mayor alabanza la conducta del batallón de la Princesa, Marcha
admirable
del batallón
de la Princesa. que privado de su fugitivo coronel y a las órdenes del valiente oficial Garvayo conservó bastante orden y serenidad para libertarse y pasar a Medina de Pomar, desde donde, ¡marcha admirable! poniéndose en camino atravesó la Castilla y Aragón rodeado de peligros y combates, y se incorporó en Molina con el general Villacampa.

Romana
en la Coruña.

Libres en el mes de junio Asturias y Galicia, era ocasión de que el marqués de la Romana, tan autorizado como estaba por el gobierno supremo, emplease todo su anhelo en mejorar la condición de su ejército, y la de ambas provincias. Entró en la Coruña poco después que Noroña, y fue recibido con el entusiasmo que excitaba su nombre. Sus providencias
y negligencia. Reasumió en su persona toda la autoridad, suprimió las juntas de partido que se habían multiplicado con la insurrección, y nombró en su lugar gobernadores militares. No contento con la destrucción de aquellas corporaciones, trató de examinar con severidad la conducta de varios de sus individuos, a quien se acusaba de desmanes en el ejercicio de su cargo, procedimiento que desagradó. Pues al paso que se escudriñaban estos excesos, nacidos por lo general de los apuros del tiempo, mostró el marqués suma benignidad con los que habían abrazado el bando de los enemigos. Por lo demás sus providencias en todos los ramos adolecieron de aquella dejadez y negligencia característica de su ánimo. Suprimidas las juntas cortó el vuelo al entusiasmo e influjo popular, y no introdujo con los gobernadores que creó el orden y la energía que son propias de la autoridad militar. Transcurrió más de un mes sin que se recogiese el fruto de la evacuación francesa, no pasando el tiempo aquel jefe sino en agasajos, y en escuchar las quejas y solicitudes de personas que se creían agraviadas o que ansiaban colocaciones; y entre ellas, como acontece, no andaban ni las realmente ofendidas ni las más beneméritas. Sale a Castilla. Por fin reunió el marqués la flor del ejército de Galicia y trató de salir a Castilla.

Nombra a Mahy
para Asturias.

Antes de efectuar su marcha envió a tomar el mando militar de Asturias a Don Nicolás Mahy: el político y económico seguía al cuidado de la junta que el mismo marqués había nombrado. Nombra
a Ballesteros
para mandar
10.000 hombres. Ordenó además este que se le uniese en Castilla con 10.000 hombres de lo más escogido de las tropas asturianas Don Francisco Ballesteros, que en vez de ser reprendido por lo de Santander, recibió este premio. Debiolo a haberse salvado con Don José O’Donnell, favorito del marqués, y mal hubiera podido ser censurada la conducta del general sin tocar al abandono o deserción del coronel su compañero: así un indisculpable desastre sirvió a Ballesteros de principal escalón para ganar después gloria y renombre.