Número [5-3].
Respuesta dada a la intimación del general Lefebvre comandante en jefe del ejército francés que sitiaba a Zaragoza, publicada en la Gaceta del 20 de junio de 1808.
Zaragoza es mi cuartel general a 18 de junio.
Si S. M. el emperador envía a V. a restablecer la tranquilidad que nunca ha perdido este país, es bien inútil se tome S. M. estos cuidados. Si debo responder a la confianza que me ha hecho este valeroso pueblo sacándome del retiro en que estaba para poner en mi mano su custodia, es claro que no llenaría mi deber abandonándole a la apariencia de una amistad tan poco verdadera.
Mi espada guarda las puertas de la capital, y mi honor responde de su seguridad: no deben tomarse pues este trabajo esas tropas que aún estarán cansadas de los días 15 y 16. Sean enhorabuena infatigables en sus lides; yo lo seré en mis empeños.
Lejos de haberse apagado el incendio que levantó la indignación española, a vista de tantas alevosías se eleva por momentos.
Se conoce que las espías que V. paga son infieles. Gran parte de Cataluña se ha puesto bajo mi mando: lo mismo ha hecho otra no menor de Castilla. Los capitanes generales de esta y de Valencia están unidos conmigo. Galicia, Extremadura, Asturias y los cuatro reinos de Andalucía están resueltos a vengar sus agravios. Las tropas francesas cometen atrocidades indignas de hombres; saquean, insultan y matan impunemente a los que ningún mal les han hecho: ultrajan la religión, y queman sus sagradas imágenes de un modo inaudito.
Ni esto ni el todo que V. observa, aun después de los días 15 y 16, son propios para satisfacer a un pueblo valiente: V. hará lo que quiera; y yo haré lo que debo. — B. L. M. de V. — El general de las tropas de Aragón.
Número [5-4].
Segunda y última respuesta dada al general del ejército francés que sitiaba a Zaragoza, en 27 de junio de 1808.