Journal des opérations de l’armée de Catalogne, par le maréchal Gouvion Saint Cyr. Ch. 1.er

Número [7-4].

Carta del mariscal Moncey.

Señores: la ciudad de Zaragoza se halla sitiada por todas partes, y no tiene ya comunicación alguna. Por tanto podemos emplear contra la plaza todos los medios de destrucción que permite el derecho de la guerra. Sobrada sangre se ha derramado, y hartos males nos cercan y combaten. La quinta división del ejército grande a las órdenes del Sr. mariscal Mortier duque de Treviso, y la que yo mando, amenazan los muros. La villa de Madrid ha capitulado, y de este modo se ha preservado de los infortunios que le hubiera acarreado una resistencia más prolongada. Señores, la ciudad de Zaragoza, confiada en el valor de sus vecinos, pero imposibilitada a superar los medios y esfuerzos que el arte de la guerra va a reunir contra ella, si da lugar a que se haga uso de ellos, será inevitable su destrucción total.

El Sr. mariscal Mortier y yo creemos que Vds. tomarán en consideración lo que tengo la honra de exponerles, y que convendrán con nosotros en el mismo modo de opinar. El contener la efusión de sangre, y preservar la hermosa Zaragoza, tan estimable por su población, riquezas y comercio, de las desgracias de un sitio, y de las terribles consecuencias que podrán resultar, sería el camino para granjearse el amor y bendiciones de los pueblos que dependen de Vds. Procuren Vds. atraer a sus ciudadanos a las máximas y sentimientos de paz y quietud, que por mi parte aseguro a Vds. todo cuanto puede ser compatible, con mi corazón, mi obligación, y con las facultades que me ha dado S. M. el emperador.

Yo envío a Vds. este despacho con un parlamentario: y les propongo que nombren comisarios para tratar con los que yo nombraré a este efecto.

Quedo de Vds. con la mayor consideración. — Señores. — El mariscal Moncey. — Cuartel general de Torrero 22 de diciembre de 1808.

Respuesta del general Palafox.

El general en jefe del ejército de reserva responde de la plaza de Zaragoza. Esta hermosa ciudad no sabe rendirse. El Sr. mariscal del imperio observará todas las leyes de la guerra, y medirá sus fuerzas conmigo. Yo estoy en comunicación con todas partes de la península, y nada me falta. Sesenta mil hombres resueltos a batirse no conocen más premio que el honor, ni yo, que los mando. Tengo esta honra que no la cambio por todos los imperios.

S. E. el mariscal Moncey se llenará de gloria si observando las nobles leyes de la guerra me bate: no será menor la mía si me defiendo. Lo que digo a V. E. es que mi tropa se batirá con honor, y desconozco los medios de la opresión que aborrecieron los antiguos mariscales de Francia.