Las juntas de aquellos cuatro reinos, vista la dispersión de los ejércitos y en dudas del paradero de la central, trataron de reunirse en la Carolina, enviando allí dos diputados de cada una que las representasen, invitando también a lo mismo a la de Extremadura y a otra que se había establecido en Ciudad Real. Pero la central, fuese previsión o temores de que se le segregasen estas provincias, Campo Sagrado. había comisionado a Sierra Morena al marqués de Campo Sagrado, individuo suyo, con orden de promover los alistamientos y de poner en estado de defensa aquella cordillera. El 6 de diciembre ya se hallaba en Andújar, como asimismo Marqués
del Palacio. el marqués del Palacio encargado del mando en jefe del ejército que se reunía en Despeñaperros, habiendo sido antes llamado de Cataluña según en su lugar veremos. De Sevilla enviaron los útiles y cañones necesarios para fortificar la sierra, a donde también y con felicidad retrocedieron desde Manzanares 14 piezas que caminaban a Madrid. Por este término se consiguió al promediar diciembre, que en la Carolina y contornos se juntasen 6000 infantes y 300 caballos, cubriéndose y reforzándose sucesivamente los diversos pasos de la sierra.

Cortos eran en verdad semejantes medios si el enemigo con sus poderosas fuerzas hubiera intentado penetrar en Andalucía. Pero distraída su atención a varios puntos, y fija principalmente en el modo de destruir al ejército inglés, único temible que quedaba, trató de seguir a este en Castilla y obrar además del lado de Extremadura, como movimiento que podría ayudar a las operaciones de Portugal en caso que los ingleses se retirasen hacia aquel reino.

Marchan
los franceses
a Extremadura.
Estado
de la provincia.

Para lograr el último objeto marchó sobre Talavera el 4.º cuerpo del mando del mariscal Lefebvre, compuesto de 22.000 infantes y 3000 caballos. La provincia de Extremadura, aunque hostigada y revuelta con exacciones y dispersos, se mantenía firme y muy entusiasmada. Mas el despecho que causaban las desgracias convirtió a veces la energía en ferocidad. Excesos. Fueron en Badajoz el 16 de diciembre inmolados dos prisioneros franceses, el coronel de milicias Don Tiburcio Carcelén y el ex tesorero general Don Antonio Noriega, antiguo allegado del príncipe de la Paz. También pereció en la villa de Usagre su alcalde mayor. Los asesinos descubiertos en ambos pueblos fueron juzgados y pagaron su crimen con la vida. Estas muertes, con las que hemos contado, y alguna otra que relataremos después, que en todo no pasaron de doce, fueron las que desdoraron este segundo periodo de nuestra historia, en el cual, rompiéndose de nuevo en ciertas provincias los vínculos de la subordinación y el orden, quedó suelta la rienda a las pasiones y venganzas particulares.

El general Galluzo, sucesor del desventurado San Juan, escogió la orilla izquierda del Tajo como punto propio para detener en su marcha a los franceses. Fue su primera idea guardar los vados y cortar los principales puentes. Cuéntanse de estos cuatro desde donde el Tiétar y Tajo se juntan en una madre hasta Talavera; y son el del Cardenal, el de Almaraz, el del Conde y el del Arzobispo. El 2.º por donde cruza el camino de Badajoz a Madrid mereció particular atención, colocándose allí en persona el mismo Galluzo. La trabazón de su fábrica era tan fuerte y compacta, que por entonces no se pudo destruir, y solo si resquebrajarle en parte: 5000 hombres le guarnecieron. Don Francisco Trías fue enviado el 15 de diciembre al del Arzobispo, del que ya enseñoreados los enemigos, tuvo que limitarse a quedar en observación suya. Los otros dos puentes fueron ocupados por nuestros soldados.

Su retirada.

Los franceses se contentaron al principio con escaramuzar en toda la línea hasta el día 24, en que viniendo por el del Arzobispo, atacaron el frente y flanco derecho del general Trías, y le obligaron a recogerse a la sierra camino de Castañar de Ibor. También fue amagado en el propio día el del Conde, que sostuvo D. Pablo Morillo, subteniente entonces, general ahora.

Noticioso Galluzo de lo ocurrido con Trías y también de que los enemigos habían avanzado a Valdelacasa, se replegó a Jaraicejo, tres leguas a retaguardia de Almaraz, dejando para guardar el puente los batallones de Irlanda y Mallorca y una compañía de zapadores. Así como los otros, fue luego atacado este punto, del que se apoderó al cabo de una hora de fuego la división del general Valence, cogiendo 300 prisioneros.

Pensó Galluzo detenerse en Jaraicejo, pero creyéndose poco seguro con la toma del puente de Almaraz, a las tres de la tarde del 25 ordenadamente emprendió su retirada a Trujillo, cuatro leguas distante. Este movimiento y voces que esparcía el miedo o la traición, aumentaron el desorden del ejército, y temíase otra dispersión. Por ello, y la superioridad de fuerzas con que el enemigo se adelantaba, juntó Galluzo un consejo de guerra [menguado recurso a que nuestros generales continuamente acudían], y se decidió retirarse a Zalamea, 23 leguas de Trujillo y del lado de la sierra que parte términos con Andalucía. El 28 llegó el ejército a su destino, si ejército merece llamarse lo que ya no era sino una sombra. De la artillería se salvaron 17 piezas, 11 de ellas se enviaron de Miajadas a Badajoz, y 6 siguieron a Zalamea. A este punto llegaron después y en mejor orden 1200 hombres de los del puente del Conde y del Arzobispo.

Los franceses penetraron el 26 hasta Trujillo, quedando a merced suya la Extremadura y muy expuesta y desapercibida la Andalucía. Otros acontecimientos los obligaron a hacer parada y retroceder prontamente, dando lugar a la junta central para reparar en parte tanto daño.