Únese O’Donnell
al ejército.

Por lo mismo, y según lo requería la escasez de la plaza, Don Enrique O’Donnell, que desde la malograda expedición del convoy de 26 de septiembre permanecía al pie del fuerte del Condestable, tuvo que alejarse, y atravesando la ciudad en la noche del 12 de octubre, cruzó el llano de Salt y Santa Eugenia, uniéndose al ejército por medio de una marcha atrevida.

El mariscal
Augereau sucede
a Saint-Cyr
en Cataluña.

En aquel día llegó igualmente al campo enemigo el mariscal Augereau, habiendo partido el 5 el general Saint-Cyr. Con el nuevo jefe francés, y posteriormente, acudieron a su ejército socorros y refuerzos, estrechándose en extremo el bloqueo. Levantaron para ello los sitiadores varias baterías, formaron reductos, Estréchase
el bloqueo. y llegó a tanto su cuidado que de noche ponían perros en las sendas y caminos, y ataban de un espacio a otro cuerdas con cencerros y campanillas; por cuya artimaña, cogidos algunos paisanos, atemorizáronse los pocos que todavía osaban pasar con víveres a la ciudad.

Auméntanse
el hambre
y las
enfermedades.

La escasez por tanto tocaba al último punto. Los más de los habitantes habían ya consumido las provisiones que cada uno en particular había acopiado, y de ellos y de los forasteros refugiados en la plaza veíanse muchos caer en las calles muertos de hambre. Apenas quedaba otra cosa en los almacenes para la guarnición que trigo, y como no había molinos, suplíase la falta machacando el grano en almireces o cascos de bomba, y a veces entre dos piedras; y así, y mal cocido, se daba al soldado. Nacieron de aquí y se propagaron todo género de dolencias, estando henchidos los hospitales de enfermos, y sin espacio ya para contenerlos. Solo de la guarnición perecieron en este mes de octubre 793 individuos, comenzando también a faltar hasta los medicamentos más comunes. Tercera e inútil
tentativa de Blake
para socorrer
a Gerona. Inútilmente Don Joaquín Blake trató por tercera vez de introducir socorros. De Hostalrich aproximose el 18 de octubre a Bruñolas, y aguantó el 20 un ataque del enemigo, cuya retaguardia picó después O’Donnell hasta los llanos de Gerona. Acudiendo el mariscal Augereau con nuevas fuerzas, retirose Blake camino de Vic dejando solo a O’Donnell en Santa Coloma, quien a pesar de haber peleado esforzadamente, cediendo al número tuvo que abandonar el puesto y todo su bagaje. Quedaban así a merced del vencedor las provisiones reunidas en Hostalrich que pocos días después fueron por la mayor parte destruidas, habiendo entrado el enemigo la villa, si bien defendida por los vecinos con bastante empeño.

Noviembre.

Dentro de Gerona no dio noviembre lugar a combates excusados y peligrosos en concepto de los sitiadores. Renováronse, sí, de parte de estos las intimaciones, valiéndose de paisanos, de soldados y hasta de frailes que fueron o mal acogidos o presos por el gobernador. Pero las lástimas y calamidades se agravaban más y más cada día.[*] Hambre
horrorosa.
Carestía
de víveres.
(* Ap. n. [10-1].) Las carnes de caballo, jumento y mulo de que poco antes se había empezado a echar mano, íbanse apurando ya por el consumo de ellas, ya también porque faltos de pasto y alimento, los mismos animales se morían de hambre comiéndose entre sí las crines. Cuando la codicia de algún paisano, arrostrando riesgos, introducía comestibles, vendíanse estos a exorbitantes precios; costaba una gallina diez y seis pesos fuertes, y una perdiz cuatro. Adquirieron también extraordinario valor aun los animales más inmundos, habiendo quien diese por un ratón cinco reales de vellón, y por un gato treinta. Los hospitales, sin medicinas ni alimentos, y privados de luz y fuego, habíanse convertido en un cementerio en que solo se divisaban no hombres sino espectros. Las heridas eran por lo mismo casi todas mortales y se complicaban con las calenturas contagiosas que a todos afligían, acabando por manifestarse el terrible escorbuto y la disentería.

Vacila el ánimo
de algunos.

A la vista de tantos males juntos de guerra, hambre, enfermedades y dolorosas muertes, flaqueaban hasta los más constantes. Solo Álvarez se mantenía inflexible. Inflexibilidad
de Álvarez. Había algunos, aunque contados, que hablaban de capitular; otros, queriendo incorporarse al ejército, proponían abrirse paso por medio del enemigo. De los primeros hubo quien osó pronunciar en presencia del gobernador la palabra capitulación, pero este interrumpiéndole prontamente díjole: «¿Cómo, solo usted es aquí cobarde? Cuando ya no haya víveres nos comeremos a usted y a los de su ralea, y después resolveré lo que más convenga.»