Tres horas duró función tan empeñada. Todas las brechas quedaron llenas de cadáveres y despojos enemigos; el furor de los sitiados era tal, que dejando a veces el fusil, sus membrudos y esforzados brazos cogían las piedras sueltas de la brecha y las arrojaban sobre las cabezas de los acometedores. Don Mariano Álvarez animaba a todos con su ejemplo y aun con sus palabras precavía los accidentes, reforzaba los puntos más flacos, y arrebatado de su celo no escuchaba la voz de sus soldados que encarecidamente le rogaban no acudiese como lo hacía a los parajes más expuestos. Perdieron los enemigos varios oficiales de graduación y cerca de 2000 hombres: entre los primeros contaron al coronel Floresti, que en 1808 subió a posesionarse del Monjuich de Barcelona, en donde entonces mandaba Don Mariano Álvarez. De los españoles cayeron aquel día de 300 a 400, en su número muchos oficiales que se distinguieron sobremanera, y algunas de aquellas mujeres intrépidas que tanto honraron a Gerona.

Convierten
los franceses
el sitio
en bloqueo.

Escarmentados los franceses con lección tan rigorosa, desistieron de repetir los asaltos a pesar de las muchas y espaciosas brechas, convirtiendo el sitio en bloqueo, y contando por auxiliares, como dice Saint-Cyr, el tiempo, las calenturas y el hambre.

Intenta en vano
Blake socorrer
de nuevo la plaza.

Don Joaquín Blake, a quien algunos motejaban de no divertir la atención del enemigo del lado de Francia, intentó de nuevo avituallar la plaza. Para ello preparado un convoy en Hostalrich apareció el 26 de septiembre con 12.000 hombres en las alturas de La Bisbal a dos leguas de Gerona. O’Donnell. Gobernada la vanguardia por Don Enrique O’Donnell, desalojó a los franceses de los puntos que ocupaban desde Villa Roja hasta San Miguel. Salieron al propio tiempo de la plaza y del Condestable Haro. 400 hombres guiados por el coronel de Baza D. Miguel de Haro, que también ha trazado con imparcialidad la historia de este sitio. Seguía a O’Donnell Wimpffen con el convoy, el cual constaba de unas 2000 acémilas y ganado lanar. Quedó el grueso del ejército teniendo al frente a Blake en las mencionadas alturas de La Bisbal.

Enterado Saint-Cyr de la marcha del convoy, trató de impedir su entrada en la plaza. Consiguiolo desgraciadamente esta vez interponiéndose entre O’Donnell y Wimpffen y todo lo apresó, excepto unas 170 cargas que se salvaron y metieron en Gerona. Achacose la culpa a la sobrada intrepidez de O’Donnell que se alejó más de lo conveniente de Wimpffen, y también a la tímida prudencia de Blake que no acudió debidamente en auxilio del último. Así no llegaron a Gerona víveres tan necesarios y deseados, y perdió malamente el ejército de Cataluña unos 2000 hombres. O’Donnell y Haro se abrigaron de los fuertes del Condestable y Capuchinos. Trataron los franceses cruelmente a los arrieros del convoy, ahorcando a unos y fusilando a otros en el Palau a vista de la ciudad.

Ventajas
de los españoles
y de los ingleses
cerca
de Barcelona.

Corta compensación de tamaña desdicha fueron algunas ventajas conseguidas en el Llobregat y Besós por los miqueletes y tropas de línea. Tampoco pudo servir de consuelo el haber dispersado los ingleses y cogido en parte un convoy que escoltaban navíos de guerra franceses, y que llevaba víveres y auxilios a Barcelona; ventura que no habían tenido poco antes con el que mandaba el almirante francés Cosmao que entró y salió de aquel puerto sin que nadie se lo estorbase.

Octubre.
Empieza
el hambre
en Gerona.

Realmente en nada remediaba esto a Gerona, cuyas enfermedades y penuria crecían con rapidez. Se esmeraban en vano para disminuir el mal la junta y el gobernador. No se habían acopiado víveres sino para cuatro meses, y ya iban corridos cinco. Imperceptibles fueron, conforme manifestamos, los socorros introducidos en 1.º de septiembre, aumentándose las cargas con el refuerzo de tropas.