Benasque.

En tanto que esto pasaba en Navarra y valles occidentales de Aragón, llamaron también los franceses la atención a los orientales, incluso el de Arán, en Cataluña. No llevaron en todos ellos su intento más allá del amago, siendo rechazados en el puerto de Benasque, en donde se señaló el paisano Pedro Berot.

Perena y otros
partidarios.

Descendiendo la falda de los Pirineos, y siguiendo la orilla izquierda del Cinca, Don Felipe Perena, Baget y otros partidarios tuvieron con los franceses reñidos choques. En varios sacaron ventaja los nuestros, incomodándolos incesantemente y cogiéndoles reses y víveres que llevaban para su abastecimiento. Ansiosos los franceses de libertarse de tan porfiados contrarios, enviaron al general Habert para dispersarlos y despejar las riberas del Cinca. Consiguió Habert penetrar hasta Fonz, en donde sus tropas asesinaron desapiadadamente a los ancianos y enfermos que habían quedado. Al mismo tiempo que Habert, cruzó el Cinca por cima de Estadilla el coronel Robert, quien al principio fue rechazado, pero concertando ambos jefes sus movimientos, replegáronse los partidarios españoles a Lérida, Mequinenza y puntos abrigados, tomando después el mando de todos ellos Renovales. Ocuparon los franceses a Fraga y Monzón, como importantes para la tranquilidad del país.

Nuevas partidas.

Mas ni aun así consiguieron su objeto. Sarasa en octubre y noviembre apareció de nuevo en las cercanías de Ayerbe, y procuró cortar las comunicaciones entre Zaragoza y Jaca. Los españoles de Mequinenza también hicieron en 16 de octubre una tentativa sobre Caspe, en un principio dichosa, al último malograda. Otras parciales refriegas ocurrían al mismo tiempo por aquellos parajes, poniendo al fin los franceses su conato en apoderarse de Benasque.

Ríndese
Benasque.

Mandaba allí desde 1804 el marqués de Villora, y el 22 de octubre del año en que vamos, intimándole el comandante francés de Benavarre, La Pageolerie, que se rindiese, contestole el marqués dignamente. Mas en noviembre, acudiendo otra vez los franceses, cedió Villora sin resistencia; y por esto, y por entrar después al servicio del intruso, tachose su conducta de muy sospechosa.

Junta de Aragón.

En la margen derecha del Ebro, las juntas de Molina y Aragón trabajaban incansables en favor de la defensa común. La última, aunque metida en Moya, provincia de Cuenca, después de la vergonzosa jornada de Belchite, desvivíase por juntar dispersos y promover el armamento de la provincia. Don Ramón Gayán, Gayán. separado ya del ejército de Blake al desgraciarse la acción de María, sirvió de mucho con su cuerpo franco para ordenar la resistencia. Ocupaba la ermita del Águila en el término de Cariñena, y la junta agregole el regimiento provincial de Soria y el de la Princesa venido de Santander. Hubo entre los nuestros y los enemigos varios reencuentros. Los últimos, en julio, desalojaron a Gayán de la ermita del Águila, y frustrose un plan que la junta de Aragón tenía trazado para sorprender a los franceses que enseñoreaban a Daroca.