De estas, las de Cuenca y Guadalajara traían a maltraer al enemigo. En la primera era uno de los principales jefes el marqués de las Atalayuelas, Atalayuelas. que solía ocupar a Sacedón y sus cercanías; y en la segunda, el Empecinado, El Empecinado. a quien ya vimos en Castilla la Vieja, y que se aventajaba a los demás en fama y notables hechos. Por disposición de la central habíase establecido el 20 de julio en Sigüenza [ciudad poco antes muy mal tratada por los franceses] una junta con objeto de gobernar la provincia de Guadalajara. Juntas. Trabajó con ahínco la nueva autoridad en reunir las partidas sueltas, efectuar alistamientos y hostigar de todos modos al enemigo, y así esta junta, como otra que se erigió en tierra de Cuenca, uniéndose en ocasiones o concertándose con las de Aragón y Molina, formaron en aquellas montañas un foco de insurrección que hubiera sido aún más ardiente si a veces no hubiesen debilitado su fuerza quisquillas y enojosas pendencias.
La junta
de Guadalajara llama
al Empecinado.
Don Juan Martín, el Empecinado, guerreaba allende la cordillera carpetana; mas, buscado en septiembre por la junta de Guadalajara, acudió gustoso al llamamiento. Comenzó aquel caudillo a recorrer la provincia, y no dejando a los franceses un momento de respiro tuvo ya en los meses de septiembre y octubre choques bastante empeñados en Cogolludo, Alvarés y Fuente la Higuera. Los franceses, para vencerle, recurrieron a ardides. Tal fue el que pusieron en planta en 12 de noviembre, aparentando retirarse de la ciudad de Guadalajara para luego volver sobre ella. Pero el Empecinado, después de haberse provisto de porción de paños de aquellas fábricas, rompió por medio de la hueste que le tenía rodeado y se salvó. Pagó en seguida a los franceses el susto que entonces le dieron, principalmente sorprendiendo el 24 de diciembre en Mazarrulleque a un grueso trozo de contrarios.
La Mancha.
Entre los guerrilleros de la Mancha, de que ya entonces se hablaba, además de Mir y Jiménez merece particular mención Francisco Sánchez, conocido con el nombre de Francisquete, Francisquete. natural de Camuñas. Habían los franceses ahorcado a un hermano suyo que se rindiera bajo seguro, y en venganza Francisco hízoles sin cesar guerra a muerte. Otros partidarios empezaron también a rebullir en esta provincia y en la de Toledo; mas, o desaparecieron pronto, o sus nombres no sonaron hasta más adelante.
León y Castilla.
En las que componen los reinos de León y Castilla la Vieja, descolló, entre otros muchos, cerca de Ciudad Rodrigo Don Julián Sánchez. Vivía este en la casa paterna después de haber militado en el regimiento de Mallorca. Don Julián
Sánchez. Pisaron los enemigos en sus correrías aquellos umbrales, y mataron a sus padres y a una hermana, atrocidad que juró Sánchez vengar: empezó con este fin a reunir gente, y luego allegó hasta 200 caballos con el nombre de Lanceros, de cuya tropa nombrole capitán el duque del Parque, general que allí mandaba. Don Julián unas veces se apoyaba en el ejército o en la plaza de Ciudad Rodrigo, otras obraba por sí y se alejaba con su escuadrón. Infundía tal desasosiego en los franceses que en Salamanca el general Marchand dio contra él y sus soldados una proclama amenazadora, y cogió en rehenes, como a patrocinadores, a unos cuantos ganaderos ricos de la provincia. Sánchez, agraviado de que el francés calificase a sus hombres de asesinos y ladrones, replicole de una manera áspera y merecida. Cruda guerra que hasta en el hablar enconaba así de ambos lados el ánimo de los combatientes.
El Capuchino,
Saornil.
Por el centro y vastas llanuras de Castilla la Vieja andaban asimismo al rebusco de franceses partidas pequeñas, como las del Capuchino, Saornil y otras que todavía no gozaban de mucho nombre, pero que dieron lugar a una circular curiosa al par que bárbara del general francés Kellermann, comandante de aquellos distritos, y por la que, haciendo en 25 de octubre una requisición de caballos, mandaba bajo penas rigurosas sacar el ojo izquierdo y marcar o inutilizar de otro modo para la milicia los que no fuesen destinados a su servicio. Porlier, también ejecutando a veces rápidas y portentosas marchas, rompía por la tierra y atropellaba los destacamentos enemigos, descolgándose de las montañas de Galicia y Asturias, que eran su principal guarida.
Juntas
y partidarios
en el camino
de Francia.