Media legua más allá de este pueblo, en donde el camino corre por una cañada profunda, situáronse el 8 de noviembre los caballos franceses en la cuesta llamada del Madero, y aguardaron a los nuestros en el paso más estrecho. Freire diestramente destacó dos regimientos al mando de Don Vicente Osorio que cayesen sobre los enemigos alojados en Dos Barrios, al mismo tiempo que él con lo restante de la columna atacaba por el frente. Treparon nuestros soldados por la cuesta con intrepidez, repelieron a los franceses y los persiguieron hasta Dos Barrios. Unidos aquí Osorio y Freire continuaron el alcance hasta Ocaña, en donde los contuvo el fuego de cañón del enemigo.

Aréizaga
en Tembleque.

Mientras tanto Aréizaga sentó el 9 su cuartel general en Tembleque, y aproximó adonde estaba Freire la vanguardia de Zayas, compuesta de 6000 hombres casi todos granaderos, y la 1.ª división de Lacy: providencia necesaria por haberse agregado a la caballería de Milhaud la división polaca del 4.º cuerpo francés. Volvió Freire a avanzar el 10 a Ocaña, delante de cuya villa estaban formados 2000 caballos enemigos, y detrás, a la misma salida, la división nombrada con sus cañones. Empezaron a jugar estos y a su fuego contestó la artillería volante española, arrojando los jinetes a los del enemigo contra la villa, que abrigados de su infantería reprimieron a su vez a nuestros soldados. No aun dadas las cuatro de la tarde llegaron Zayas y Lacy. Emboscado el último en un olivar cercano, dispúsose a la arremetida, pero Zayas, juzgando estar su tropa muy cansada, difirió auxiliar el ataque hasta el día siguiente. Aprovechándose los enemigos de esta desgraciada suspensión, evacuaron a Ocaña, y por la noche se replegaron a Aranjuez.

Ejército español
en Ocaña.

El 11 de noviembre, en fin, todo el ejército español se hallaba junto en Ocaña. Resueltos los nuestros a avanzar a Madrid, hubiera convenido proseguir la marcha antes de que los franceses hubiesen agolpado hacia aquella parte fuerzas considerables.

Movimientos
inciertos
y mal concertados
de Aréizaga.

Mas Aréizaga, al principio tan arrogante, comenzó entonces a vacilar, y se inclinó a lo peor, que fue a hacer movimientos de flanco lentos para aquella ocasión y desgraciados en su resultado. Envió pues la división de Lacy a que cruzase el Tajo del lado de Colmenar de Oreja, yendo la mayor parte a pasar dicho río por Villamanrique, en cuyo sitio se echaron al efecto puentes. El tiempo era de lluvia, y durante tres días sopló un huracán furioso. Corrió una semana entre detenciones y marchas, perdiendo los soldados, en los malos caminos y aguas encharcadas, casi todo el calzado. Aréizaga, con los obstáculos cada vez más indeciso, acantonó su ejército entre Santa Cruz de la Zarza y el Tajo.

Mientras tanto los franceses fueron arrimando muchas tropas a Aranjuez. El mariscal Soult había ya antes sucedido al mariscal Jourdan en el mando de mayor general de los ejércitos franceses, y las operaciones adquirieron fuerza y actividad. Sabedor de que los españoles se dirigían a pasar el Tajo por Villamanrique, envió allí el día 14 al mariscal Victor, quien, hallándose entonces solo con su primer cuerpo, hubiera podido ser arrollado. Detúvose Aréizaga y dio tiempo a que los franceses fuesen el 16 reforzados en aquel punto; lo cual visto por el general español, hizo que algunas tropas suyas puestas ya del otro lado del Tajo repasasen el río, y que se alzasen los puentes. Caminó en la noche del 17 hacia Ocaña, a cuya villa no llegó sino en la tarde del 18, y algunas tropas se rezagaron hasta la mañana del 19. Choque
de caballería
en Ontígola. La víspera de este día hubo un reencuentro de caballería cerca de Ontígola: los franceses rechazaron a los nuestros, mas perdieron al general Paris, muerto a manos del valiente cabo español Vicente Manzano, que recibió de la central un escudo de premio. Por nuestra parte también allí fue herido gravemente, y quedó en el campo por muerto, el hermano del duque de Rivas, Don Ángel de Saavedra, no menos ilustre entonces por las armas que lo ha sido después por las letras. Aréizaga, que, moviéndose primero por el flanco, dio lugar al avance y reunión de una parte de las tropas francesas, retrocediendo ahora a Ocaña y andando como lanzadera, permitió que se reconcentrasen o diesen la mano todas ellas. Difícil era idear movimientos más desatentados.

Fuerzas
que acercan
los franceses.

Juntáronse pues del lado de Ontígola y en Aranjuez los cuerpos 4.º y 5.º, del mando de Sebastiani y Mortier, la reserva, bajo el general Dessolles, y la guardia de José, ascendiendo por lo menos el número de gente a 28.000 infantes y 6000 caballos. De manera que Aréizaga, que antes tropezaba con menos de 20.000, ahora a causa de sus detenciones, marchas y contramarchas, tenía que habérselas con 34.000 por el frente, sin contar con los 14.000 del cuerpo de Victor colocados hacia su flanco derecho, pues juntos todos pasaban de 48.000 combatientes; fuerza casi igual a la suya en número, y superiorísima en práctica y disciplina.