Por su parte el general Suchet, terminada la expedición de Lérida, pensó en poner sitio a la plaza de Mequinenza. Mientras duró el de la primera hubo muchos y parciales combates, ya en las comarcas septentrionales de Cataluña que lindan con Aragón, y ya en Aragón mismo. Aquí hizo contra los franceses de Alcañiz una tentativa infructuosa Don Francisco de Palafox, destinado por la regencia a aquellas partes, siendo más afortunado Don Pedro Villacampa en una sorpresa que dio el 13 de mayo a los enemigos en Purroy, partido de Calatayud, en donde cogió al comandante Petit con un convoy y más de 100 hombres.

Las ventajas conseguidas por aquel caudillo irritaron a los franceses, quienes desde el 14 de mayo se pusieron a perseguirle, partiendo de Daroca el general Chlopicki. Fuese retirando Villacampa, y no paró hasta Cuenca. Siguieron de cerca su huella los enemigos, sin llegar a aquella ciudad, pero dejando rastra de su paso en Molina y demás pueblos del camino. Diversos choques de menor importancia acaecieron también en otros puntos de Aragón, porfiado pelear que cansaba sobremanera a los franceses.

Sitio
de Mequinenza.

Del 15 al 20 de mayo embistió el general Musnier la plaza de Mequinenza, importante por su situación y necesaria para enseñorear el Ebro. Villa esta de 1500 vecinos, estriba su principal defensa en el castillo, antigua casa fuerte de los marqueses de Aytona, colocado en lo alto de una elevada montaña, de áspera e inaccesible subida por todos lados, excepto por el de poniente, que se dilata en planicie, cuyo frente amparan un camino cubierto, foso y terraplén abaluartado revestido de mampostería. Guarnecían la plaza 1200 hombres. Gobernábala, como antes, el coronel Don Manuel Carbón, y dirigía la artillería Don Pascual Antillón, ambos oficiales muy distinguidos.

No tenía el castillo otros aproches sino los que ofrecía a la parte occidental la planicie mencionada, y no era cosa fácil traer hasta ella artillería. Pronto discurrió la diligencia francesa medio de conseguirlo, abriendo desde Torriente y por la cima de las montañas un camino que viniese a dar al punto indicado. Tuvieron los enemigos concluida su obra el 1.º de junio, y en el intermedio no descuidaron tomar en rededor y en ambas orillas del Ebro, y en las del Segre su tributario, los puestos importantes. La toman
los franceses. Entraron los sitiadores la villa en la noche del 4 al 5, la saquearon y prendieron fuego a muchas casas. Las tropas se refugiaron en el castillo. El gobernador resistió allí cuanto pudo los ataques de los franceses, mas, arruinadas ya las principales defensas y no habiendo abrigo alguno contra los fuegos enemigos, se entregó el 8, quedando la guarnición prisionera de guerra.

Toman también
el castillo
de Morella.

La víspera de la rendición había llegado a Mequinenza el general Suchet, quien deseando sacar de su triunfo la mayor ventaja, despachó dos horas después de la entrega al general Montmarie para que se apoderase del castillo de Morella, lo que ejecutó dicho general sin obstáculo el 13 de junio. Posesión que, aunque no tan importante como la de Mequinenza, éralo bastante por estar situado aquel fuerte en los confines de Aragón y Valencia, y porque así iban los franceses preparándose a nuevas empresas, y afianzaban poco a poco y de un modo sólido su dominación.

Cádiz.

No obstante, hallábase esta lejos de arraigarse. Los pueblos continuaban casi por todas partes haciendo guerra a muerte a los invasores, y la Isla gaditana, punto céntrico de la resistencia, no solo mantenía la llama sagrada del patriotismo, sino que la fomentaba procurando además acrecer y mejorar en su recinto las fortificaciones.

Toman
los franceses
a Matagorda.