Los franceses, queriendo aprovecharse del terror que aquel descalabro infundiría en los leridanos, embistieron en la misma noche los reductos del fuerte de Garden. Dichosos los enemigos al principio en el ataque del Pilar, salieron mal en el de San Fernando, teniendo que retirarse, y aun evacuar el primero que ya habían ocupado.
Al día siguiente tanteó el general Suchet el ánimo del gobernador, proponiendo a este, para hacerle ver lo inútil de la defensa, que enviase personas de su confianza que por sí mismos examinasen la pérdida que en el día anterior habían los españoles padecido en Margalef. La réplica de García Conde fue enérgica y concisa. «Señor general, dijo, esta plaza nunca ha contado con el auxilio de ningún ejército.» Lástima que a las palabras no correspondiesen los hechos, como en Zaragoza y Gerona.
Empezaron los franceses el 29 de abril los trabajos de trinchera, escogiendo por frente de ataque el espacio que media entre el baluarte de la Magdalena y el del Carmen, que era por donde embistió la plaza el duque de Orleans en la guerra de sucesión.
Los sitiados no repelieron con grande empeño los aproches del enemigo. Así, esta defensa no fue larga ni digna de memoria. Merece, no obstante, honrosa excepción la resistencia que hizo, en la noche del 12 al 13 de mayo, el reducto de San Fernando, ya bien sostenido, como arriba hemos dicho, en una primera acometida. En la última se defendió con tal tenacidad que de 300 hombres que le guarnecían apenas sobrevivieron 60.
Los franceses asaltaron el 13 del mismo mes la ciudad, y la entraron sin tropezar con extraordinarios impedimentos. La guarnición se recogió al castillo, en donde también se metieron casi todos los habitantes, viendo que los acometedores no les daban cuartel. Crueldad ejecutada de intento, para que hacinados muchos individuos en corto recinto obligaran al gobernador a rendirse. Hubiera sin embargo García Conde podido despejar aquella fortaleza echando fuera la gente inútil; pero Suchet, para no desaprovechar la ocasión de acabar en breve el sitio, empezó desde luego a tirar bombas, las cuales cayendo sobre tantas personas apiñadas en reducido espacio, causaron en poco tiempo el mayor estrago. Entran
los franceses
en Lérida
y ríndese
su castillo. Blandeando el ánimo de García Conde con los lamentos de mujeres, niños y ancianos, y forzado hasta cierto punto por la junta corregimental, que creía que nada importaba la defensa del castillo si la ciudad perecía, capituló el 14, habiendo los franceses concedido a la guarnición los honores de la guerra. Ejemplo que siguió el fuerte de Garden. Pérdida sensible la de Lérida, conquista que abría a los invasores las comunicaciones entre Aragón y Cataluña.
Tachose a García Conde de traidor, opinión que adquirió crédito con haber después abrazado el partido del gobierno intruso. Lo cierto es que era hombre de limitados alcances, y juzgamos que su conducta más bien dimanó de esto y de fatal desdicha que de premeditada maldad.
También el fuerte
de las Medas.
Por entonces, para que las desgracias vinieran juntas, ocuparon también los franceses el fuerte de la isla de las Medas, al embocadero del Ter, puesto importante malamente entregado por el gobernador español, Don Agustín Cailleaux.
Así iban de caída las cosas de Cataluña, no habiendo acontecido en lo restante de mayo y en el inmediato junio sino acometidas parciales de somatenes y guerrilleros, que siempre hostigaban al enemigo. Don Enrique O’Donnell, molestado de sus heridas, dejó por unos pocos días su puesto a Don Juan María de Villena. Contaba el ejército a pesar de sus pérdidas 21.798 hombres, inclusas las guarniciones de las plazas, entre las que Tarragona se miraba como la base de las operaciones. En esta ciudad volvió O’Donnell a empuñar el 1.º de julio el bastón del mando, con objeto de instalar allí el 17 del mismo mes un congreso catalán, que de nuevo había convocado para reanimar el espíritu algo abatido de los naturales, y buscar medio de oponerse con fuerza al mariscal Macdonald, quien daba muestras de obrar activamente.
Sucesos
de Aragón.