Kolly pasó a Inglaterra para ponerse de acuerdo con aquel ministerio, del que era individuo el marqués de Wellesley, después de su vuelta de España. Diéronsele a Kolly los medios necesarios para el logro de su empresa y papeles que acreditasen su persona y comprobasen la veracidad de sus asertos. Desembarcó en la bahía de Quiberon, acercándose también a la costa una escuadrilla inglesa destinada a tomar a su bordo a Fernando. En seguida partió Kolly a París para dar comienzo a la ejecución de su plan, de difícil éxito, ya por la extrema vigilancia del gobierno francés, ya por el poco ánimo que para evadirse tenían el rey y los infantes.
Vida
de los príncipes
en Valençay.
No hemos hablado de aquellos príncipes después de su confinamiento en Valençay. Su estancia no había hasta ahora ofrecido hecho alguno notable. Apenas en su vida diaria se habían desviado de la monótona y triste que llevaban en la corte de España. Divertíanse a veces en obras de manos, particularmente el infante Don Antonio, muy aficionado a las de torno, y de cuando en cuando la princesa de Talleyrand los distraía con saraos u otros entretenimientos. No les agradaba mucho la lectura y como en la biblioteca del palacio se veían libros que, en el concepto del citado infante, eran peligrosos, permanecía este continuamente en acecho para impedir que sus sobrinos entrasen en aposentos henchidos a su entender de oculta ponzoña. Así nos lo ha contado el mismo príncipe de Talleyrand. Salían poco del circuito del palacio y las más veces en coche, llegando a punto la desconfianza de la policía francesa que, con tretas indignas de todo gobierno, casi siempre les estorbaba el ejercicio de a caballo.
La familia que los acompañó en su destierro antes de cumplirse el año fue separada de su lado, y confinados algunos de sus individuos a varias ciudades de Francia, entre ellos el duque de San Carlos y Escóiquiz. Quedó solo Don Juan Amézaga, pariente del último, hombre con apariencias de honrado, de ocultos manejos, y harto villano para hacerse confidente y espía de la policía francesa.
Préndese a Kolly.
En tal situación y con tantas trabas, dificultoso era acercarse a los príncipes sin ser descubierto, y más que todo llevar a feliz término el proyecto mencionado. Ni tanto se necesitó para que se malograse. Kolly, a pocos días de llegar a París, fue preso, habiendo sido vendido por un pseudo-realista, y por un tal Richard, de quien se había fiado. Metiéronle en Vincennes el 24 de marzo, y no tardó en tener un coloquio con Fouché, ministro de la policía general. Admirábase este de que hombres de buen seso hubiesen emprendido semejante tentativa, imposible [decía] de realizarse, no solo por las dificultades que en sí misma ofrecía, sino también porque Fernando no hubiera consentido en su fuga.
Insidiosa
conducta
de la policía
francesa.
Sin embargo, aunque estuviese de ello bien persuadida la policía francesa, quisieron sus empleados asegurarse aún más, ya fuera para sondear el ánimo de los príncipes, o ya quizá para tener motivo de tomar con sus personas alguna medida rigurosa. En consecuencia, se propuso a Kolly el ir a Valençay y hablar a Fernando de su proyecto, dorando la policía lo infame de tal comisión con el pretexto de que así se desengañaría Kolly, y vería cuál era la verdadera voluntad del príncipe. Prometiósele en recompensa la vida y asegurar la suerte de sus hijos. Desechó honradamente Kolly propuesta tan insidiosa e inicua, y de resultas volviéronle a Vincennes donde continuó encerrado hasta la caída de Napoleón, siendo de admirar no pasase más allá su castigo.
La policía, no obstante la repulsa del barón, no desistió de su intento, y queriendo probar fortuna, envió a Valençay al bellaco de Richard, haciéndole pasar por el mismo Kolly. Abocose primero en 6 de abril con Amézaga el disfrazado espía; mas los príncipes, rehusando dar oídos a la proposición, denunciaron a Richard, como emisario inglés, al gobernador de Valençay Mr. Berthemy, ora porque en realidad no se atrevieran a arrostrar los peligros de la huida, ora más bien porque sospecharan ser Richard un echadizo de la policía. Terminose aquí este negocio, en el que no se sabe si fue más de maravillar la osadía de Kolly, o la confianza del gobierno inglés en que saliera bien una empresa rodeada de tantas dificultades y escollos.
Cartas
de Fernando.