LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN

de España.

LIBRO DUODÉCIMO.


Ejército francés
que se destina
a Portugal:
mariscal Massena
general en jefe.

Proseguían los franceses en su intento de invadir el reino de Portugal y de arrojar de allí al ejército inglés, operación no menos importante que la de apoderarse de las Andalucías, y de más dificultosa ejecución, teniendo que lidiar con tropas bien disciplinadas, abundantemente provistas y amparadas de obstáculos que a porfía les prestaban la naturaleza y el arte. Destinaron los franceses para su empresa los cuerpos 6.º y 8.º, ya en Castilla, y el 2.º, que luego se les juntó yendo de Extremadura. Formaban los tres un total de 66.000 infantes y unos 6000 caballos. Nombrose para el mando en jefe al duque de Rívoli, el célebre mariscal Massena.

Antes de pisar el territorio portugués, forzoso les era a los franceses no solo asegurar algún tanto su derecha, como ya lo habían practicado metiéndose en Asturias y ocupando a Astorga, sino también enseñorearse de las plazas colocadas por su frente. Sitio de
Ciudad Rodrigo. Ofrecíase la primera a su encuentro Ciudad Rodrigo, la cual, después de varios reconocimientos anteriores y de haber hecho a su gobernador inútiles intimaciones, embistieron de firme en los últimos días del mes de abril.

A la derecha del Águeda y en paraje elevado, apenas se puede contar a Ciudad Rodrigo entre las plazas de tercer orden. Circuida de un muro alto antiguo y de una falsabraga, domínala al norte, y distante unas 290 toesas, el teso llamado de San Francisco, habiendo entre este y la ciudad otro más bajo con nombre del Calvario. Cuéntanse dos arrabales, el del Puente, al otro lado del río, y el de San Francisco, bastante extenso, y el cual, colocado al nordeste, fue protegido con atrincheramientos; se fortalecieron, además, en su derredor varios edificios y conventos como el de Santo Domingo, y también el que se apellida de San Francisco. Otro tanto se practicó en el de Santa Cruz, situado al noroeste de la ciudad, y por la parte del río se levantaron estacadas y se abrieron cortaduras y pozos de lobo. Despejáronse los aproches de la plaza y se construyeron algunas otras obras. Se carecía de almacenes y de edificios a prueba de bomba, por lo que hubo de cargarse la bóveda de la torre de la catedral y depositar allí y en varias bodegas la pólvora, como sitios más resguardados. La población constaba entonces de unos 5000 habitantes, y ascendía la guarnición a 5498 hombres, incluso el cuerpo de urbanos. Se metió también en la plaza, con 240 jinetes, Don Julián Sánchez, e hizo el servicio de salidas. Herrasti,
su gobernador. Era gobernador Don Andrés Pérez de Herrasti, militar antiguo, de venerable aspecto, honrado y de gran bizarría, natural de Granada, como Álvarez el de Gerona, y que así como él, había comenzado la carrera de las armas en el cuerpo de Guardias españolas.

Situación
de Wellington.